El artero asesinato de Álvaro Obregón

La venganza fue el móvil que José de León Toral ofreció ante las autoridades después de haber vaciado su pistola contra Álvaro Obregón. En su declaración narra cómo ver con el rostro desfigurado a su amigo Humberto Pro dentro de un ataúd, le surge la idea de vengarse. Pro, su hermano el sacerdote jesuita Miguel Agustín, Juan Tirado y Luis Segura Vilchis fueron fusilados el 13 de noviembre de 1927, sin un juicio previo, acusados de atentar contra la vida del general Álvaro Obregón. Meses después.

Fue un 17 de julio de 1928 cuando se llevó a cabo la reunión secreta de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR) donde fue elegido el hombre que mataría al caudillo, de nombre Lamberto Ruiz.

Esos grupos radicales organizaron el atentado en aquel automóvil Essex desde donde se lanzaron bombas y disparos contra el carro del caudillo, y cuyos responsables fueron identificados por Lamberto Ruiz como los hermanos Humberto y Miguel Agustín Pro, Juan Tirado y Luis Segura Vilchis, quienes arrojaron una bomba desde un auto hacia el coche de Obregón en el Bosque de Chapultepec y que luego fueron fusilados anunciándose su muerte por todo lo grande en los medios nacionales.

Frenar a la Iglesia para que no siguiera interviniendo en la política, oponerse a la Reforma Agraria y la creación de sindicatos fueron acciones de Obregón que molestaron mucho a los grupos religiosos.

Pero ese no fue el primer intento de asesinato, previamente habían tratado de dinamitar un puente cerca de Tlalnepantla por donde pasaría el tren en el que viajaba Obregón. Se cuenta que en otro intento contrataron a una joven para acercarse a bailar con él en una fiesta e inyectarle veneno. Pero la muchacha no pudo ni siquiera entrar.

Las 14:20 horas de un 17 de julio de hace 92 años fue cuando León Toral se acercó a Obregón, en el restaurante La Bombilla en San Ángel. Haciéndose pasar por un caricaturista que iba a hacerle un retrato, en lugar de afilar el lápiz para la tarea, de entre sus ropas sacó un arma y le disparó quedando muerto al instante.

León Toral, autor material del asesinato de Álvaro Obregón.

Confeso, León Toral se negaba a decir quién había sido el autor intelectual, pero antes de comenzar a decir algo, pidió ver a la madre Conchita, una monja a la que conoció en una casa de Santa María la Ribera donde estaba refugiada junto a otras religiosas.

La solicitud llamó la atención de los investigadores y asumieron que aquella religiosa era la autora intelectual; las sospechas le valieron una cadena perpetua en las Islas Marías, que cambió por buena conducta a una prisión temporal en el centro penitenciario. A pesar de que había evidencias de que otras personas estaban involucradas –incluso clérigos de mediana importancia–, la investigación del Estado mexicano no fue más allá.

El asesinato de Obregón ocurrió en plena guerra cristera y puso al gobierno en un predicamento, recuerda la investigadora del Instituto Mora, María del Carmen Collado.

El hecho en sí puso en pausa las negociaciones para ponerle fin a la guerra cristera, sobre todo por la especulación de que otros religiosos estaban implicados en el tiranicidio.

Guardia de honor de los funerales de Obregón.

Acciones como la simpatía del freno a la Iglesia para que no siguiera interviniendo en la política, su oposición a la Reforma Agraria o a la creación de sindicatos, se cree que pudieron ser los fundamentos de los radicales religiosos para planear la muerte del presidente electo, sin embargo también se especuló la participación del presidente en funciones, Plutarco Elías Calles en la planeación de la muerte de Obregón.

Para reafirmar esa parte del imaginario colectivo, los mexicanos de aquel entonces preguntaban: ‘¿Quién mató a Obregón?’, y se respondía: ‘Cállese’, en alusión él.

Especialistas en historia señalan que el presidente electo fue muerto por representar una amenaza a la democracia del país.

La muerte de Álvaro Obregón cerró la etapa en que la lucha política se resolvía a balazos. Plutarco Elías Calles tuvo la habilidad de comprenderlo e iniciar el México de las instituciones, que ha funcionado hasta la fecha.

El carisma de Obregón, asesinado a los 48 años atrajo a las masas incluso después de su muerte. De 1935 a 1989, dentro del monumento dedicado a su memoria en el sitio donde fue victimado, se exhibió el brazo que perdió en una batalla en 1915. Hasta que el gobierno de Carlos Salinas de Gortari ordenó cremarlo junto a sus restos, que reposan en su natal Huatabampo, Sonora.