El diario vivir en la Congregación del Refugio

Por: Martín Rodríguez Arellano

Desde tiempos inmemoriales, la historia se ha escrito de la vida de emperadores, reyes y las grandes hazañas de los guerreros legendarios, esto está presente en todas las culturas y pueblos del mundo desde que se inventó la escritura.

Sin embargo, de la gente común que integraba el pueblo, los plebeyos y campesinos poco o casi nada se sabe, si no fuera por el incasable trabajo de arqueólogos y antropólogos que a través de los restos físicos que han dejado las sociedades humanas del pasado es que nos hemos enterado de cómo vivían, sus costumbres, vestimenta, música, baile, etc.

Un ejemplo de esto es que en las crónicas escritas dentro de la historia de Japón en el período conocido como Heian (Época de la paz y la tranquilidad desde el 785 d.c. al 1185 d.c.) se nos describe minuciosamente los rituales y ceremonias de la Corte Imperial y de la nobleza, las normas de la más alta etiqueta, la vestimenta, música y diversiones y, aun así, el pueblo común, es apenas siquiera mencionado casos excepcionales es el famoso cuento del Cortador de Bambú (Taketori Monogatari).

Criollo de la época

Pocos son los casos en que se ha escrito acerca de la historia de la clase trabajadora en Matamoros, un ejemplo de esto es el caso del Dr. Eusebio Lira que escribió un libro titulado ‘De Ejidatario a Millonario’ que es su autobiografía y que es un testimonio invaluable porque nos describe el Matamoros de la década de los 40´s y 50´s que prácticamente ha desaparecido en su totalidad y nos narra sus vivencias como estudiante y médico.

En este caso concreto, poco o casi nada estudiado ha sido el período Virreinal de la historia de nuestro municipio, esto, en gran parte por la falta de fuentes escritas las cuales son la materia prima para historiadores y cronistas que ayudan a arrojar luz sobre los sucesos históricos. No obstante, a través de un lento y minucioso estudio del Fondo Colonial de los Archivos en resguardo, se han podido obtener datos ricos en detalles de la vida diaria del ciudadano común.

Con falsa palabra de casamiento engañaron a la joven

En sus inicios, el Rancho de San Juan de los Esteros (en ningún documento se hace la mención de ‘Hermosos’, esa fue una contribución de Don Eliseo Paredes Manzano) empezó siendo un campamento de carácter temporal para unos cuantos vaqueros, era un terreno hostil y alejado de cualquier núcleo poblacional y no existían (ni llegaron a existir) edificios con materiales duraderos, a lo más que se llegó eran jacales de zacate revuelto con lodo, con techo pajizo y unos cueros curtidos servían como puertas.

Fragua que se exhibe en el Museo de Mina Nuevo León

Al pasar los años y conforme fueron atraídas más familias por los progresos en la economía resultante de la actividad pastoril y ganadera además de la explotación de la sal de mar surgió una comunidad que casi sin advertirlo ya fue lo suficientemente importante como para que en 1801 hubiera un sub-receptoría de rentas, y para 1804 Real Cárcel, Teniente de Justicia, Diezmero, y la Parroquia fuera independiente de la Villa de Reynosa.

Injuria contra la hija de Rafael Villarreal Juzgado del Refugio 1814

La vestimenta era casi igual como en todo el Noreste de México, pantalones estilo ‘chinaco’, los más pudientes con botas de cuero, los que no, con huaraches o de plano descalzos, con capotes, capas y zarapes y sombreros, no podían faltar las espuelas ya que era obligado el uso del caballo como medio de transporte.

Los enseres domésticos incluían metates, ollas y cazos de cobre o barro (de metal en caso de ser pudiente la familia), barras de hierro, hachas, hachuelas, escoplos, azadones, yuntas de bueyes con sus aperos, aquellos pocos privilegiados tenían colchones y almohadas en sus cuartos.

Joven obrera

Las mujeres vestían con faldas amplias de colores lisos las que se lo podían permitir usaban medias de seda, pero todas con rebozo y si nos basamos en las litografías de Claudio Linati vestían con una blusa blanca de manga corta, y muchas veces con la cabeza cubierta, en esta tierra de tan difícil vida no en raras ocasiones la mujer tomaba el rol de matrona y se hacía cargo de la administración de los ranchos y ayudaban sus labores a sus esposos además las tareas propias del hogar, las cocinas estaban construidas como cuartos separados de la casa y estaban hechos con adobe.

Tortilleras

Las casas normalmente estaban dividas por palos o carrizos, si la familia podía costearlo sus puertas eran de madera con cerradura, si no, seguían utilizando sus cueros curtidos como precarias puertas, sus muebles incluían armarios, mesas, sillas y bancos de madera, aquellos que tenían dinero ahorrado solían guardarlo en cajas de madera con cerraduras y tan solo dos casas en la que fuera la Congregación del Refugio tenían rejas en sus ventanas (pues los demás jacales ni ventanas tenían).

La comida debió de haber sido limitada y frugal, sin embargo había una abundancia de distintos tipos de carne (ya que desde 1850 se dan cuenta de expendios para la venta de cárnicos como “El Tendajo Colorado), maíz, frijol, manteca y tortillas eran los alimentos más socorridos, como la playa no está lejos y hay datos que en 1818 existía una cantidad respetable de botes (los cuales fueron usados por el ejército realista para patrullar la playa en busca de incursiones insurgentes) no es descabellado pensar el consumo del pescado en aquella zona, sin embargo no existen indicios que en la Congregación este último haya sido popular.

Impuestos para pagar al esfuerzo de guerra realista 1815

Las diversiones eran pocas y salvo por las fiestas patronales y ferias que sucedían en Camargo en el mes de mayo, los fandangos y el jugar baraja arriba de un cuero mientras se tocaba la guitarra eran los medios de distracción de los pobladores, como todo, en estos bailes circulaba el alcohol y al calor de las copas eran comunes los pleitos y zafarranchos ocasionados, así mismo los robos que también los había y la autoridad no se daba abasto en hacer cumplir la autoridad del Rey.

También hay casos criminales que nos describen la vida diaria de sus actores, como el famoso Nacho Garza o las demandas verbales que las hay desde robos hasta injurias a las hijas de los rancheros donde con amplios testimonios describen lugares y circunstancias de los hechos denunciados.

Existían además algunos artesanos como herreros cuyos encargos principales serían las espuelas para caballos y las herramientas de trabajo para el campo (costosas pues un azadón llegaba a costar 4 pesos) y entrada la primera década del siglo XIX hasta podemos encontrar la presencia de plateros, la vestimenta se hacía en casa y en raras ocasiones se mercaban zapatos o botas en otras ciudades, así mismo el contrabando era cosa común, ya que entre el costo del transporte, las alcabalas cobradas en las garitas hacían demasiado tentador el comprar productos a los barcos que anclaban clandestinamente en la boca del río, o había de aquellos que corrían con la fortuna de encontrar restos de naufragios en el ‘Puerto del Barril’.

Sereno

Por último el lenguaje, hay muchas palabras que con el tiempo ya ni en el campo se utilizan y que solo aquellos que crecieron en el rancho recuerdan por hoy en día son términos casi olvidados de la memoria, como por ejemplo, las ‘vacas chichigüas’ que son aquellas vacas que están criando becerros, los caballos de ‘rienda’, ‘dos riendas’ y ‘falsa rienda’, que indican el grado amansamiento de los caballos y esto determinaba su precio o los ‘burros manaderos’, animales de elevado precio (llegaban a costar hasta 30 pesos, lo mismo que 3 sitios de ganado mayor), pues son los que se reproducen con yeguas y dan las mulas, medios de transporte de mercaderías vitales para el comercio, que en la Congregación del Refugio era ‘correr las mesteñas’ es decir, atrapar caballos salvajes, amansarlos y venderlos, cría de ganado ‘de pelo y lana’ es decir, borregos y cabras, todo esto a lugares tan lejanos como San Antonio de Béjar en Texas, a Monterrey en el Nuevo Reino de León y Ozuluama en Veracruz.

Posesiones de Juan Manuel de la Garza 1815