La vida de Confucio

Por: Alfonso Delgado Díaz

Se supone que Confucio nació en el año 551 a.C. Su padre fue pundonoroso militar, y según los chinos, descendía el ilustre emperador que hacía dos mil años antes había fundado el gran Imperio de China.

Cuando el niño K´ung-fu-tzu solo tenía tres años cuando su padre había fallecido, de su primera educación sabemos muy poco, excepto que según el mismo dijo más tarde, se aficionó mucho al estudio, al cumplir los quince años y de acuerdo con las costumbres de su país se casó muy joven; a los veinte años ya era padre. Se convirtió en un oficial del ejército pero durante sus ratos de ocio con vehemencia se entregaba al estudio, sus temas preferidos eran la historia y la filosofía y se mostraba muy disgustado por el sistema de vida que llevaban sus compatriotas.

Retrato ideal de Confucio según un grabado chino en el siglo XVIII

Esperaba poder aprender el modo de reformar el estado, y sobretodo, conseguir el progreso moral de su pueblo. A los treinta años ya era célebre en todo el país y acudían estudiantes a escuchar sus doctrinas. Llegó a ser Ministro de Justicia, es decir, el juez superior entre todos los jueces de la nación y se dice que casi logró suprimir totalmente el crimen. Sabemos que, en cierta ocasión llegó a ejecutar a un delincuente sin embargo siempre fue en contra de la pena de muerte ya que consideraba que los criminales tenían ese comportamiento antisocial debido a que el estado no se preocupó por educarlos en su infancia.

Cuando sus discípulos le preguntaban a Confucio sobre como se podría conseguir un buen gobierno, decía que los gobernantes debían cuidarse de no cometer el doble error de no instruir al pueblo y de castigarlo después lo que significaba una cruel tiranía. Pasados 2500 años, el mundo moderno comenzó a darle la razón en este aspecto.

Hasta hace relativamente poco tiempo se concedía escasa importancia a los niños y a pesar del escaso interés por la educación infantil, se les castigaba cruelmente si estos cometían alguna falta, se ha tardado mucho tiempo en comprender y respetar el principio de aquel gran ministro de justicia chino que vivió 2000 años antes de que Cristóbal Colón descubriera América.

Nos consta que tenía procedimiento seguidos por los jueces modernos, instruyendo dos causas, decía Confucio: “Soy un hombre como los demás pero lo esencial e importantísimo es que los demás no acudan a la justicia con demasiada frecuencia”. En efecto, como hoy los hombres litigan entre sí, los jueces son más discretos, tratan de resolver el asunto amigablemente procurando que los querellantes no acudan a los tribunales aunque esto signifique para los abogados de buena fe, la reducción y supresión de sus honorarios.

Monjes confucianos, grabado del siglo XVIII

Pero como sucede y como ha sucedido a los grandes hombres siempre-podrían citarse miles de casos- Confucio no obstante ser un hombre bueno, sabio y honrado, tuvo muchos enemigos que se confabularon para destronar al príncipe que lo protegía.

Confucio fue obligado a dimitir el cargo de ministro. Se dedicó entonces a viajar, y durante muchos años viajó de una provincia a otra acompañado de sus discípulos, en algunas partes lo recibían bien, pero en otros lo recibían como un perro callejero. De todas partes salió más pronto o más tarde, penosamente defraudado en sus esperanzas. Siempre se mostraba dispuesto a aconsejar a los príncipes que hallaba a su paso, y hasta les ofrecía ayuda, para que gobernasen según sus principios pero era tan bueno y tan sabio que no lo comprendían. Sin embargo, tuvo siempre discípulos fieles, de quienes fue amado y a quienes amó. Consolándose así de la ingratitud de su pueblo.

Los últimos años de vida

Mucho tiempo después, cuando iba a cumplir los setenta años regresa al reino de Lu, donde había gobernado. Allí le permitieron volver a la corte no como funcionario público, sino como un ciudadano más al que se consultaba en momentos difíciles. En esa condición pasó los últimos cinco años escribiendo aunque ninguno de sus escritos se ha conservado como ocurrió con muchos otros grandes pensadores de la antigüedad. Tenemos, pues, que dar fe a lo que refirieron sus discípulos respecto de sus enseñanzas. He aquí una traducción del informe chino sobre la muerte de Confucio:

Músico tañendo un Guqin, instrumento chino perteneciente a la familia de las cítaras, el desarrollo musical de la China antigua se debió a Confucio

“Levantóse temprano y con las manos cruzadas a la espalda, se puso a pasear, seguido de sus discípulos, por delante de la puerta de su casa a tiempo que decía con su voz lacrimosa:

“La gran montaña, ha de abatirse; la viga más fuerte se romperá;  y el hombre sabio acabará marchitándose como una flor”. Luego entró en su casa y se sentó cerca de la puerta. Tsze Kung había oído las palabras del maestro y se dijo así mismo: -Si la gran montaña ha de abatirse, ¿Hacia donde debo mirar? Si la viga más fuerte ha de romperse ¿En que debo apoyarme? Si el hombre sabio ha de marchitarse como una flor ¿A quien debo imitar?-. Temo que el maestro esté enfermo. -y echó a correr a su casa-. El maestro, al verlo, le dijo: ¿Que haces aquí tan tarde Tsze? Anoche soñé que estaba sentado entre las ofrendas otorgadas a los muertos, apoyándome en dos cojines. Se acabaron los reyes discretos y ¿Cuál de las criaturas que viven bajo la inmensa bóveda azul me aceptaría como maestro? Creo que voy a morir. Al decir esto se echó a la cama. Estuvo enfermo durante siete días y al fin murió.