Punto y aparte

Por: Ilse Mariela Pérez

2ª parte

Todo lo que podía ver ahora era a si misma, a su esfuerzo constante, a su cabeza terca y aburrida de la rutina que la deshacía de su propio protagonismo.

—No es que quiera fallarte sauce mío, no es que seas mío, es que en el alma de tu respiro, ahí, un manto precioso guardas, aquello que suma a lo mío, no es que quiera faltarte, no es que un día deje de añorarte, es tan simple que no puedo quedarme, si no confiesas a fondo que soy yo quien esperas toque las hebras delicadas de tu hermoso árbol fuerte y sembrado… pero lo haces, por eso ríes y yo lloro de felicidad al pensar que pudiera ser que te quedaras conmigo.

» No sé cómo confesarte una vez más que sueño contigo, sin que pase que tu no contestes y tenga que esperar a que realmente quieras verme y sentir las energías que proyectamos al hablar juntos… no se si ese día venga, en el que nos quedemos sujetos, libres en lo nuestro, pero lo deseo tanto mi querido sauce, que tras esta lluvia no quiero poner un pie fuera de mi semilla de árbol, aunque la necesidad sea tanta que encuentre la oportunidad. No sé qué tanto viva, pero, sauce mío, espero sea suficiente para verte sin humo o neblina y dejar resuene, armonía, la belleza de cada día.   

Temía tanto decirle al sauce la realidad de las cosas que guardo unos días de sol para ella, para esperar que el sauce le hablara él mismo, para saber que no era sólo cosa suya perder hojas sin querer.

Tras los días de sol, un árbol joven de higos se acercó y ella al intentar no ser grosera, sentía como la empujaba a otra dirección.

—¡No! Espera —dijo el jazmín—. Hay algo que quiero confesarte, aún llevo en el alma un sauce llorón, que es impredecible como el mismo tiempo, que me deja en libertad por jugar a lo eterno y simplemente me gustaría…

—No digas más, lo entiendo —dejo de sujetar tan fuerte su charla y se marchó el joven árbol.

Los jazmines (o por lo menos este sí) eran conocidos por ser azul o violeta, extraña belleza, pero belleza después de todo.

Al no poder terminar de decir aquello que elegía su corazón, fue directamente con el sauce, se encontraba dormido y muy lento le dijo al oído.

—No creo haberlo confesado antes, pero agradezco ciertamente que me dediques tiempo aún sabiendo de mi rutina de los martes o jueves, o incluso viernes.

El sauce despertó suavemente, confundido ciertamente, pero había escuchado, estaba entre las palabras asombrado de la sencillez, no supo decir otra cosa que no fuera.

—Gracias— Era la primera en notarlo, que era importante su tiempo.

Mientras pasaban los días más caían en cuanta de algo tan simple como una conexión debajo de la tierra. No podían romper esas raíces sin lastimarse, había algo todavía en ellos, algo que pasaba desapercibido por las gotas de lluvia. ¿De eso se trata todo no? De ver la vida ante nuestros ojos y saber definirse, saber donde pararse y algo que deseaba lograr, saber cuando dejar de huir. Sin importar cuantas veces alzo sus pasos, sin dejar de valorar los días de lluvia, la conexión seguía ahí, intermitente, como aluzando sus hojas en el baile de las mariposas, como dando un respiro a la tierra húmeda, como compartiendo luz, eso compartían, luz. Confiar en sí misma era la certeza de ello, que, aunque a veces se equivocaba, esa conexión no era un ejemplo de vanidad o actitud déspota, era una verdadera sonrisa con humildad y valoración, después de todo, aún tenían corazón.

Con ilustraciones de Lidya Ramírez vía https://www.facebook.com/lidya.ramirez.50

Liga a la primera parte: https://paradigmacultural.com/2020/08/24/punto-y-aparte/