Crónica Fronteriza

La Historia Académica

Por: Andrés F. Cuéllar C.

Desde que el hombre comenzó a escribir la historia surgieron quienes la cuestionaban porque tenían otro punto de vista, de donde proviene una frase que escuchamos; hasta la fecha: Los historiadores nunca se ponen de acuerdo.

Conforme los años pasaron fueron surgiendo fórmulas para escribir la historia con menor subjetividad: los marxistas la consideran una ciencia, los positivistas nos hablan de la historia imparcial y muchas otras propuestas. Las universidades se multiplicaron y en muchas de ellas se enseña la Historia en algunas de sus muchas modalidades o ramas.

También se consideró que las universidades deben cumplir tres funciones sustantivas: crear, enseñar y difundir el conocimiento. Así quienes enseñan la historia, tienen la obligación de investigarla y difundirla. Un libro es producto de una investigación y al imprimirse difunde el producto de ese trabajo. Con algunas limitaciones, existe amplia libertad para escoger la parte de la historia que les gusta, así no solo se investiga sobre su propio país sino de otros, las universidades del primer mundo, principalmente de EU, Inglaterra y Francia han realizado magnificas aportaciones a la historia de nuestro país. Todas estas personas se les llama historiadores profesionales porque viven de sus conocimientos sobre esta materia.

En México ha sido extraordinaria la labor de El Colegio de México, fundado por Alfonso Reyes y los refugiados españoles donde han publicado cientos de libros de ciencias sociales entre ellas la historia de México. Los más vendidos son dos versiones de la ‘Historia Mínima de México’ y la ‘Historia General de México’ que han sido escogidos como textos muchas universidades. La historia académica rara vez es general como las que acabamos de mencionar, generalmente se refieren a tremas muy específicos como la crisis económica del siglo XVIII en la Nueva España. El valor de los bienes nacionalizados en la Reforma, etc.

La UNAM también ha publicado muchos libros de Historia, así como el Instituto Nacional de Antropología e Historia y las universidades de provincia que se dedicaban exclusivamente a la docencia, con pocas excepciones cada vez publican más libros.

Esta historia tiene el inconveniente de que en aras de la objetividad termina siendo una historia aburrida pues no proyectan las pasiones humanas de los personajes históricos y que se transmiten a los lectores. Esto no les quita valor, lo que sucede es que generalmente el lector no se identifica con los personajes y dificulta su comprensión. Sin embrago existen historias muy académicas, pero con sesgo ideológico del autor.