Albert Einstein y la relatividad

Por: Juan Rodríguez Vega

Después de una magnifica noche de plática y dominó con algunos de mis amigos, noté que existe aún, un error de comprensión en la más importante de las teorías del Dr. Albert Einstein. Esa es la razón para intentar colaborar con Paradigma Cultural en él, para mí al menos, más importante campo del conocimiento humano: la Física.

Según las leyes del movimiento establecidas por primera vez con detalle por Isaac Newton hacia 1680-89, dos o más movimientos se suman de acuerdo con las reglas de la aritmética elemental.

Supongamos que un tren pasa a nuestro lado a 20 kilómetros por hora y que un niño tira desde el tren una pelota a 20 kilómetros por hora en la dirección del movimiento del tren. Para el niño, que se mueve junto con el tren, la pelota se mueve a 20 kilómetros por hora. Pero para nosotros, el movimiento del tren y el de la pelota se suman, de modo que la pelota se moverá a la velocidad de 40 kilómetros por hora.

Como resulta evidente, no se puede hablar de la velocidad de la pelota a secas. Lo que cuenta es su velocidad con respecto a un observador particular. Cualquier teoría del movimiento que intente explicar la manera en que las velocidades (y fenómenos afines) parecen variar de un observador con relación a otro sería una “teoría de la relatividad”.

La teoría de la relatividad de Einstein nació del siguiente hecho: lo que funciona para pelotas tiradas desde un tren no funciona para la luz. En principio podría suponerse que la luz se propagara, o bien a favor del movimiento terrestre, o bien en contra de él. En el primer caso parecería viajar más rápido que en el segundo (de la misma manera que un avión viaja más aprisa, en relación con el suelo, cuando lleva viento de cola que cuando lo lleva de cara). Sin embargo, medidas muy cuidadosas demostraron que la velocidad de la luz nunca variaba, fuese cual fuese la naturaleza del movimiento de la fuente que emitía la luz.

Einstein dijo entonces: supongamos que cuando se mide la velocidad de la luz en el vacío, siempre resulta el mismo valor (unos 299.793 kilómetros por segundo), en cualesquiera circunstancias. ¿Cómo podemos disponer las leyes del Universo para explicar este fenómeno? Einstein encontró que para explicar la constancia de la velocidad de la luz había que aceptar una serie de fenómenos, en principio, inesperados.

Halló que los objetos tenían que acortarse en la dirección del movimiento, tanto más cuanto mayor fuese su velocidad, hasta llegar finalmente a una longitud nula en el límite de la velocidad de la luz; que la masa de los objetos en movimiento tenía que aumentar con la velocidad, hasta hacerse infinita en el límite de la velocidad de la luz; que el paso del tiempo en un objeto en movimiento era cada vez más lento a medida que aumentaba la velocidad, hasta llegar a pararse en dicho límite; y, finalmente, que la masa era equivalente a una cierta cantidad de energía y viceversa.

Todo esto lo elaboró en 1905 en la forma de la ‘Teoría Especial de la Relatividad’, que se ocupaba de cuerpos con velocidad constante. En 1915 extrajo consecuencias aún más sutiles para objetos con velocidad variable, incluyendo una descripción del comportamiento de los efectos gravitatorios. Era la ‘Teoría General de la Relatividad’.

Los cambios predichos por Einstein sólo son notables a grandes velocidades. Tales velocidades han sido observadas entre las partículas sub-atómicas, viéndose que los cambios predichos por el genial científico se daban realmente, y con gran exactitud. Es más, si la teoría de la relatividad de Einstein fuese incorrecta, los aceleradores de partículas no podrían funcionar, las bombas atómicas no explotarían y habría ciertas observaciones astronómicas que resultarían imposibles de hacer.

Pero a las velocidades corrientes, los cambios predichos son tan pequeños que prácticamente pueden ignorarse. En estas circunstancias rige la aritmética elemental expresada por las leyes de Isaac Newton; y, como estamos acostumbrados al funcionamiento de estas leyes, nos parecen ya de “sentido común”, mientras que las teorías de la relatividad de Albert Einstein se nos antojan “extrañas” y difíciles de comprender.

Juan Rodríguez Vega, Lic FF. MM.

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