La Guerra Cristera en Matamoros

La Guerra Cristera fue un conflicto que desgarró al país entero, pues como ya bien dice el Prof. Andrés F. Cuéllar: “Toda guerra solo sirve para dos cosas: matar gente y destruir propiedades, la casa que tardamos 20 años en construir y 40 en pagar, un tiro de bazooka, y se acabó”.

Pues bien, en el México pos-revolucionario, y con las heridas aun abiertas de la lucha fratricida de 10 años de conflictos por el poder, una vez más se alzaron las armas entre los mexicanos, unos contra otros, por las mismas razones de siempre y como siempre, el eterno problema que tenemos: No ponernos de acuerdo. Es la maldición que nos ha aquejado desde que los españoles se fueron, porque hay que ser francos, nos encanta la democracia, siempre y cuando ganemos, y si perdemos, decimos que nos ganaron a la mala, acusamos de fraude, etc.

Lo mismo pasa con las leyes y más por que a Don Plutarco Elías Calles tuvo la falta de visión que todo estadista debe de tener al tocar una fibra muy sensible del pueblo de México y que es el culto religioso, si éste es positivo o negativo le dejaremos este debate a los filósofos y teólogos, pero la realidad es que sigue estando presente en muchas de nuestra tradiciones e idiosincrasia, aunque éste sea imperceptible, así mismo, continúa diciendo el Prof. Cuéllar: “Y toda guerra se debe a que no se pusieron de acuerdo”. Se debe decir que Calles, en su figura autoritaria y enérgica, combinada con su anticlericalismo (recordemos que fue maestro de escuela) y alimentado por el discurso antirreligioso de diversos líderes revolucionarios hicieron de esta una combinación explosiva que cual polvorín habría de estallar violentamente sumiendo a la debilitada nación en otra conflagración.

Plutarco Elías Calles, en su intento de limitar el poder del clero, hizo estallar otra guerra.

Pues bien, en nuestra ciudad, todo ocurría mas o menos con la misma rutina de siempre, que aunque con muchas dificultades, con una economía deprimida se seguía trabajando y la gente vivía como podía, no hay más, bien dicen por ahí, que los pueblos que viven en paz se dedican a progresar y hacer riquezas. Hasta que un 20 de julio de 1926, llegó a la oficina de Telégrafos Nacionales, un mensaje de carácter urgente. Venía desde la mismísima Secretaría de Gobernación en la Ciudad de México.

Después de la Revolución, en Matamoros la gente se dedicó a trabajar para salir adelante, se vivía con los medios que se tenían.

Ya habremos de imaginarnos como se le aceleró el corazón al Telegrafista que garrapateó el mensaje en una boleta a lápiz a toda prisa debido al código morse, terminó de transcribir el mensaje y rápido y veloz lo dejó en el despacho del Presidente Municipal, su contenido era de carácter grave y muy delicado.

Telegrama urgente desde la Secretaría de Gobernación en el Distrito Federal

“Tiene conocimiento el Ejecutivo que el Clero Católico como una muestra de rebeldía y una muestra de desacatamiento a los preceptos constitucionales ha dispuesto suspender el servicio del culto religioso público a partir del 31 del mes del corriente fecha en que entrará en vigor la ley reformatoria del código penal promulgada el 2 de julio en curso”…

…”Como una nueva maniobra para desvirtuar la vigencia de la ley suprema de la República, agitar la opinión pública y procurar que surjan alteraciones del orden por acuerdo del C. Presidente recomendando a usted dicte las disposiciones que crea necesarias para que, sin distinción de ningún género, sea respetada y acatada por todos”… “que tan luego como tenga noticias de que los sacerdotes católicos traten abandonar los templos prevéngase a los mismos sacerdotes les hagan entrega de ellos mediante inventario y bajo su mas estricta responsabilidad, dichas autoridades a su vez, entregarán los templos a 10 vecinos de que habla la fracción undécima del artículo 130″…

Se dictaron medidas para evitar alteraciones al orden público y a entregar los Templos a las Juntas Vecinales
Hubo casos de saqueo en los Templos, por eso el gobierno decretó que las Juntas Vecinales se hicieran cargo de los bienes de los Templos y que se castigará con rigor a los ladrones.
Los templos clausurados y sus bienes habrían pasado a tomar posesión de ellos a nombre de la Nación.

Dicho lo cual, se le extendió una carta al Presbítero de la Catedral de Nuestra Señora del Refugio, este contestó: “Que no tenía pensado abandonar el templo por el celo de su deber y que así como se le expone está dispuesto a entregar el templo a la junta vecinal bajo riguroso inventario del templo mismo, también con el Templo del Sagrado Corazón de Jesús en la Plaza Allende.

El Presbítero Antonio G. y García nunca pensó abandonar la parroquia de Nuestra Señora del Refugio.

Todos miraron estupefactos el cierre de los templos de nuestra ciudad y se hubiera esperado un derramamiento de sangre, alteraciones al orden, caos y tiroteos ante tal afrenta, pero afortunadamente, no fue el caso, ya desde tiempos de la la lucha insurgente, la población de esta región dio muestra de inclinación hacia el pensamiento liberal, también durante la Guerra de Reforma, no se dio caso alguno de guerra o escaramuzas a causa de la Ley Juárez, pues la Iglesia no tenía grandes propiedades en la región y había muchas escuelas laicas de carácter privado, las escuelas municipales además del Instituto Literario y Científico San Juan, por lo que la transición se llevo a cabo sin ningún problema en ese aspecto, lo que si hubo fue el desgarrador conflicto entre “Rojos” y “Crinolinos” (otra vez, nos gusta la democracia siempre y cuando ganemos).

Se hizo el inventario, se formó la junta vecinal, estuvieron presentes el Presbítero, el Presidente Municipal y se clausuraron los Templos y ahí quedó la cosa, “aquí se rompió una taza y cada quién para su casa”.

Inventario de los bienes de la Parroquia de Nuestra Señora del Refugio

Caso distinto fue en estados como Michoacán, Jalisco, Guanajuato, Puebla donde hubo muchas crueldades y atrocidades por parte de ambos bandos, curioso es que prácticamente sólo se ha escrito el punto de vista de los guerrilleros cristeros, mi bisabuela materna Altagracia, oriunda de Arandas, Jalisco y nacida en 1915, contaba siempre la misma historia: “Nosotros teníamos que ir a escondidas a la escuela de gobierno, porque si nos veían nos podían matar”, “a veces veíamos a personas ahorcadas en los árboles”….

También se clausuró la Capilla del Sagrado Corazón.

Mi bisabuelo paterno, Martín, nacido en 1911 y originario de Michoacán, fue un indio tarasco puro, se quedó viudo a los 19 años y aunque sólo estudió en un principio hasta sexto de primaria, le gustó tanto la escuela, que se metió a trabajar de maestro rural y estudio después la Normal donde conocería a mi bisabuela, mujer de origen hispano-árabe extremadamente culta e inteligente que lo inspiraría para superarse, él siempre contaba: “Yo daba clase con pistola al cinto, por que siempre tenía miedo de que fueran a dar un balazo, como daba clases allá en la sierra en mi caballo también traía una carabina en mi alforja”…dicen que era tan buen tirador que en una ocasión el Presidente Lázaro Cárdenas visito el pueblo donde daba clases mi bisabuelo y le hizo una demostración de tiro, “El Tata” quedo tan impresionado por su destreza que le regaló una pistola, y es hoy una reliquia familiar, afortunadamente pudo sobrevivir a esta cruenta guerra sin ningún incidente.

Hasta 3 años después de su clausura las Iglesias volvieron a abrirse para el culto público.

Este es uno de los episodios de los cuales no se ha escrito tan extensamente como otros puntos en la historia de nuestro país pero que es indispensable para aprender esta valiosa lección, pues aquellos que olvidan su historia, están condenados a repetirla.

“La guerra no prueba quien esta bien, tan solo quien es dejado atrás”. Bertrand Rusell.

“War does not prove who is right, only who is left”. (original)