La herencia española en los Estados Unidos: Reseña

Por: Ernesto Israel López del Campo

(Centro Universitario del Noroeste, Matamoros, Tamaulipas)

‘Reseña’ a Fernández Flórez, D. (1981), La herencia española en los Estados Unidos. Barcelona: Plaza y Janés, 318 páginas.

Como parte de la historia de los Estados Unidos se tiene que reconocer la influencia de España en los hitos más relevantes de su construcción como nación política, en las exploraciones que llevaron grandes aventureros ibéricos por esos lares, en donde enfrentaron grandes proezas al recorrer territorios con climas calurosos, gélidos, lluviosos, montañas y que extendieron al Imperio Español más allá del mar. Esto es lo que transmite el escritor español Darío Fernández Flórez (1909-1977) en su libro póstumo La herencia española en los Estados Unidos.

Esto edificó una nación con ciertas raíces españolas tras su independencia, logrando resquebrajar al imperio británico, donde personajes como Bernardo de Gálvez sostuvieron míticas batallas contra al ejército inglés, por lo que esto derivó a conformar una nación con vistas a transformarse en un Imperio en el siglo XX. Asimismo, estadounidenses y españoles estrecharon lazos entre sus literatos, que se manifestó en la admiración de historiadores estadounidenses hacia España.

Dando un salto cuántico, durante el siglo pasado Estados Unidos influyó determinantemente en la historia de ambas naciones, como es sabido, en las últimas décadas se difundió la Leyenda Negra (la barbarie española hacia los indígenas de América), la cual se originó desde la academia; razón por la que es importante desentrañar que la geopolítica en las acciones para minar la identidad en las ciudades con mayor presencia hispana, como Los Ángeles, en la que la Universidad de California retiró el monumento a Fray Junípero Serra. Por lo que hace indispensable la consulta de los distintos materiales que se han escrito para mitigar la leyenda propagada por Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países. A través de obras de historiadores de la talla de María Elvira Roca Barea (Roca Barea, M.E., 2017), Maltby (Maltby, W., 2011), Powell (Powell, P., 1972) e Iván Vélez (Vélez, I, 2014), podemos encontrar notables desmentidos de ese relato ‘negro-legendario’ en contra de España y su historia.

Otro atractivo de este libro es el reconocimiento e influencia de personajes como:

Pánfilo de Narváez. Uno de los grandes exploradores españoles, quien inició un viaje con complicaciones al atravesar los caminos más cruentos de lo que hoy conocemos como Estados Unidos, estableciendo la misión que fundaría una villa llamada Florida, cuyo terreno era inhóspito y pantanoso, lo que dio comienzo a un nuevo recorrido en la bahía Tampa, al cual se opuso Alvar Núñez Cabeza de Vaca (38-44).

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Alvar Núñez de Cabeza de Vaca fue uno de los personajes históricos de España, ‘el primer caminante de América’, que conformó una gran expedición a Florida, recorriendo grandes lugares, donde fue uno de los pioneros en explorar los estados que hoy conocemos como Tamaulipas y Texas, logrando tener contactó con los indígenas de aquellos lugares, no obstante, cayó en desgracia cuando naufragó su nave, pero enarboló en letras de oro su lugar dentro la historia de España (45-56). “Realmente, nuestro gran caminante fue más curioso explorador que soldado-conquistador de nuevas provincias y reinos para España” (56).

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Francisco Vázquez de Coronado, fue uno de los virtuosos conocedores de los territorios, que en estas fechas ubicamos como Colorado, Nuevo México, Arizona y Texas, cruzando el gran río Colorado, por la costa de California, por lo que enfrentó grandes contra los indios, donde demostró su gran ingenio militar (61-9). “Francisco, que va a convertirse en uno de los más grandes exploradores de Norteamérica, era también, según veremos después, hombre de grandes méritos, que deciden al virrey Mendoza a colocarlo al frente de la expedición, sacándolo del ya más cómodo gobierno de la conquistada Nueva Galicia. Hoy, el nombre del gran explorador es tan popular en los territorios de los Estados Unidos que descubrió, que se hace muy frecuente encontrarlo al frente de los hoteles, bares y establecimientos de Colorado, Nuevo México, Arizona o Texas” (62).

Don Bernardo de Gálvez fue el primer gobernador de Luisiana, fue un personaje destacado para la historia de España y Estados Unidos, toda vez que comenzó una relación con George Washington para vencer al ejército británico, siendo financiado por el monarca Carlos III, con la cantidad de cuatro millones de reales de vellón: “…el gobernador de Luisiana, don Bernardo de Gálvez, atacando a Mobile y abriendo los puertos americanos a los corsarios de las colonias alzadas, facilitó mucho las cosas” (155).

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Diego María Gardoqui, agente del Gabinete de Carlos III a través de quien se realizó gran parte de la ayuda española a la independencia norteamericana. Gardoqui colaboró en la independencia ayudando a traer el armamento, al ejército de las trece colonias con lo que obtuvo la famosa victoria de George Town en 1781. “Posteriormente, y ya España en declarada guerra con la Gran Bretaña, Gardoqui fue nombrado por el Gobierno español su agente cerca del Congreso norteamericano, en contra de sus deseos, pues el banquero bilbaíno no quería abandonar su compañía comercial” (289).

Ante este panorama, citando al filósofo español Gustavo Bueno, describió en su obra España Frente a Europa, debemos recuperar la idea de imperio generador que retoma de Francisco de Vitoria, en este caso respecto a los Estados Unidos, que consiste en lo siguiente:

Hay que distinguir dos clases de imperio: el tipo primero, generador, fue el de Alejandro. Desborda el concepto de polis griega, de su maestro Aristóteles; pero más que negándolo, multiplicando su proyecto, generando ciudades con ambición universal. Roma hizo algo parecido. Pero el Imperio Universal es una idea cristiana, que toma cuerpo con Constantino, aunque eso de «no hay griegos ni romanos, judíos y gentiles» es de raíz estoica. La libertad está en la ciudad y en la ciudadanía romanas. El cristianismo da cuerpo físico a la cosmópolis estoica con la Civitas Dei. Los grandes apologetas eran estoicos convertidos. La idea de Imperio propiamente empieza con Constantino. En su primera fase, el imperio romano se conformó con las fronteras defensivas, bien definidas frente a los bárbaros; el cristianismo incorpora al imperio una base social. La actitud imperialista –es curioso que la gente escucha sin sonreír el término imperialista, pero sonríe ante el de «imperial», al tener el primero las connotaciones negativas. El Sacro Imperio se beneficia del juridicismo de los historiadores por la consideración por el Papa del título. El Sacro Imperio germano era más conformista, conservador dentro de sus marcas. Bizancio disputaba esa primacía. La singularidad de España estuvo en recuperar el proyecto estoico a través de los apóstoles: «Id y predicad por toda la tierra». (Bueno, G., 1999, 465-6).

En el caso de los Estados Unidos, la dialéctica de imperios se establece en un momento crucial la independencia de las trece colonias, dado que en el contexto de las diversas batallas que el imperio español sostuvo con el imperio británico, se percibe la influencia que España tuvo dentro las colonias británicas, la cual el autor menciona en diversas partes de la misma la influencia de Galdós, Cervantes y Lorca.

La segunda parte del libro se dedica a estudiar de manera detallada el tema titular del libro, la herencia española en los Estados Unidos. Es de destacar que, tras más de un siglo de existencia de las trece colonias, germen de la gran potencia norteamericana, en los años previos a la independencia americana, la lengua española comienza a cobrar influencia en los próceres del proceso:

Sabemos que en el siglo XVIII alcanza su máximo esplendor el Imperio español en Norteamérica, Y que, pese a los Borbones, la mayor expansión española. Hecho que según queda señalado anteriormente, da lugar a una recelosa rectitud en la joven República de los Estados Unidos. Afianzada la independencia contra Inglaterra, eliminando el peligro francés, era tan solo España la potencia occidental que provocaba un desconfiado temor, unido a un interés creciente por su cultura y por su enigmática personalidad. Esta presencia española en la política y en la cultura de los Estados Unidos se manifiesta ya claramente. Franklin, que había estudiado el español y que leía libros españoles, fue elegido primer académico correspondiente de la Real Academia de la Historia Española en 1784, D. Humphreys, embajador extraordinario en Madrid en finales del siglo habla español. Pero, especialmente, el culto, lúcido y profético entendimiento de Thomas Jefferson concedió a nuestra lengua una importancia extraordinaria. El más necesario de los idiomas modernos, después del francés, era el español para él, aseguró L.H. Boutell en su biografía. Jefferson leyó el Quijote dos veces, y se daba perfecta cuenta de que el inglés y el español se repartían idiomáticamente América (173-4).

Por otra parte, el inteligente estadista, en sus cartas y escritos, no se cansaba de insistir en que la Historia de gran parte de Norteamérica es una historia española y, por tanto, escrita en su misma lengua. Y, además, con su larga vista intelectual, preveía ya la importancia que adquiría el español en las relaciones entre los Estados Unidos y los países de Hispanoamérica. Por lo cual, predicando con el ejemplo, había adquirido un español muy aceptable:

Nuestra lengua, pues, se difundía. En 1735 existían ya algunas clases de español en Nueva York, y en 1766 se cursó el idioma en la Universidad de Filadelfia, extendiéndose después de la enseñanza a la Universidad de Virginia. Por otra parte, Cervantes triunfaba ya en todo el país, iniciando su gran influencia literaria. Y se leían también las obras de Mateo Alemán, Jorge de Montemayor, Baltasar Gracián, Garcilaso de la Vega, Nebrija, Quevedo, Mariana y Herrera, a más de La Celestina, entre otros clásicos españoles. Consta, asimismo, la publicación de la Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España, del soldado de Cortés, Bernal Díaz del Castillo, en Salem y en 1803. Iniciándose, además en los últimos años del siglo, las actividades de la admirable Nueva York Historical Society Library, que tanto contribuyó a las lecturas españolas y a cuya labor nos referiremos más adelante (174).

New York Historical Society Library. Upper West Side, Manhattan, New York City.

En conclusión, esta obra da a conocer la importancia de la cultura española en la historia de los Estados Unidos, que a lo largo de su lectura da los elementos necesarios para los interesados en la historia de ambas naciones. Ya que reivindica pasajes y personajes a lo largo de estos siglos estadounidenses se han empeñado en borrarlos como parte de su historia. Lo redactado en esta página fue copiado del libro ‘La herencia española en los Estados Unidos’, es importante porque resalta la amistad y la influencia que había entre dos naciones, que fraguó en uno de los imperios con mayor relevancia en el siglo XX: “Estas páginas, escritas con buena voluntad, pero fielmente históricas, han querido contribuir modestamente, en esta hora de diálogos sinceros, al mejor conocimiento de la herencia que la cultura hispánica legó a los Estados Unidos de América. Conocimiento que ha de facilitar, en toda ocasión, la amistad entre los dos pueblos” (281).

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Bueno, G. (1999).  España frente a Europa. Barcelona: Alba.

Maltby, W. (1982). La leyenda negra en Inglaterra. Desarrollo del sentimiento antihispánico 1558-1660. México: Fondo de Cultura Económica.

Powell, P. (1972). El árbol del odio. Madrid: Porrúa.

Roca Barea, M. E. (2017). Imperiofobia y leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Madrid: Siruela.