101 años del fusilamiento del mártir de la Revolución Mexicana, Felipe Ángeles

Nació en Ahuazotepec, Hidalgo el 13 de junio de 1868, registrado bajo el nombre de Felipe de Jesús Ángeles Ramírez, siendo hijo natural del Coronel Felipe Ángeles, un coronel que combatió contra la invasión estadounidense en 1847 y la francesa en 1862, y de Doña Juana Ramírez.

Desde niño, Felipe Ángeles era de carácter solitario, soñador y gran rectitud y patriotismo, realizo sus estudios en Huejutla, Molango y Pachuca.

A los 14 años fue becado por Don Porfirio Díaz para estudiar en el colegio militar agradeciendo los servicios prestados por su padre con el general.

Fue un alumno distinguido y sobresaliente en matemáticas y ciencias físicas y no tardo en destacar en sus estudios y carrera militar y esto le permitió mostrar su inteligencia desempeñándose como maestro y alumno. En el plano personal, se sabe que el 25 de noviembre de 1896 se casó con Clara Kraus.

Fue enviado a Estados Unidos para realizar estudios de artillería; en Francia supervisó el armamento adquirido por el gobierno de México, y fue ascendido a Mayor.

El entonces Presidente constitucional Francisco I. Madero, le asigna el cargo de director del Colegio Militar de Chapultepec en el año de 1911; y finalmente es nombrado General Brigadier.

Desgraciadamente esto motiva un ambiente cargado de envidias, intrigas, tanto por la adquisición de nuevos cargos y honores de que era objeto como por la estrecha amistad que mantenía con Madero habiéndosela ganado a través de su empeño en sus estudios en Francia y Estados Unidos en donde se preparó tomando cursos de artillería, pólvora sin humo, balística y tiro entre muchos otros y extendiendo su cultura haciendo dominio del idioma inglés, francés y alemán y demostrándole su fidelidad organizando los batallones a favor del gobierno ante la rebelión de Pascual Orozco y haciéndose su hombre de confianza.

Participo también como comandante de las fuerzas que operaban en Morelos contra la insurrección zapatista, en donde se propuso evitar los excesos que cometían los militares en contra de los campesinos.

No llegó a comprender las causas profundas y la importancia histórica de la Revolución Agraria que encabezaba Zapata, pero su actitud humanitaria le permitió establecer un buen trato político con el caudillo suriano.

Cuando Francisco I. Madero comienza a tener dudas de la lealtad de Huerta y se produce el cuartelazo de la Ciudadela, dispone que Ángeles y sus tropas se trasladen a la capital con la finalidad de nombrarlo jefe de la Plaza y encargado de las operaciones contra los rebeldes.

Francisco I. Madero y José María Pino Suárez visitan el Colegio Militar con Felipe Ángeles al frente.

Fue aprendido al mismo tiempo que Madero y Pino Suárez y encerrado en el mismo cuarto de Palacio Nacional y se le mantuvo preso hasta el 29 de julio de 1913.

Sobre Felipe Ángeles, se llegó a decir que fue “el único alto jefe del Ejército Federal que se mantuvo leal a Madero durante el golpe de Félix Díaz y Victoriano Huerta y los días sucesivos de febrero de 1913 conocidos como la Decena Trágica”.

Tras la usurpación de Huerta, Ángeles fue enviado a Francia, pero para regresar de manera clandestina muy poco tiempo después e incorporarse a la Revolución, primero, como parte del gabinete de Venustiano Carranza en Sonora, y, después, en los primeros meses de 1914, como parte de los mandos de la División del Norte, al lado de Francisco Villa. Después vendría el fracaso de la Convención Militar Revolucionaria de Aguascalientes y la lucha de facciones dentro de la Revolución.

En medio de ese período aciago y convulsionado, Ángeles se habría de refugiar en Estados Unidos durante la segunda mitad de 1915. Tras la sanción de la Constitución del 1917, el general regresaría a México en diciembre de 1919, para sumarse a las fuerzas de Villa, convencido de que sólo así, apoyando a Villa, podría evitarse la que consideraba como inminente intervención de Estados Unidos a México.

Felipe Ángeles fue apresado el 17 de noviembre de 1919. Ante el consejo militar al que se le sometió durante los días 24 y 25 de noviembre en Chihuahua, dio muestra de las ideas y doctrinas en las que se había formado y de las que se declaraba defensor; eran ideas en donde podía encontrarse una peculiar síntesis de liberalismo, humanismo y socialismo.

Fue fusilado en la madrugada del 26 de noviembre de 1919 en la ciudad de Chihuahua. Como testamento político dijo durante su juicio: “Mi muerte hará más bien a la causa democrática que todas las gestiones de mi vida. La sangre de los mártires fecundiza las buenas causas”.

El General Ángeles fue el militar más preparado que participó en la Revolución; el 15 de noviembre de 1941, al cumplirse el XXII aniversario de su muerte fue nombrado Hijo del estado de Hidalgo, su entidad natal.

“Uno de nuestros más grandes males, que por atavismo tenemos los mexicanos, es dar puestos a individuos sin educación y sin aptitudes que son más dañosos como funcionarios que como particulares; pero, sin embargo de esto, a mí nunca se me ha dado la presidencia de la república, pues no la admitiría porque no tengo los conocimientos ni facultades necesarias para ello.”

Fueron éstas algunas de las palabras dichas en defensa propia en el consejo de guerra al que fuera sometido uno de los personajes que, además de ilustrado, estuvo llamado a ser para la posteridad uno de los más solitarios de la Revolución Mexicana y de la propia historia de México: el general Felipe Ángeles (1869-1919).

La vida del General Felipe Ángeles fue llevada a una puesta teatral de la pluma de Elena Garro, que, cabe destacar, fue su única obra de carácter realista, a diferencia de sus otras producciones de corte fantástico. Lleva como título ‘La tragedia de Felipe Ángeles’ y fue publicada en 1967 y llevada a escena en 1978.

La obra es dividida en tres actos y desarrollada en el curso de 24 horas. El primer acto inicia una mañana de noviembre de 1919 a la entrada del Teatro de los Héroes en Chihuahua, lugar en el que se llevaría a cabo el juicio sumario contra un Felipe Ángeles, traicionado y hecho prisionero, que se opone al poder del Primer Jefe, y ya entonces presidente de la República, Carranza.

En el segundo acto se dramatiza el juicio, en el que Ángeles se defiende durante varias horas y cuestiona la congruencia de la revolución. “”¿No ve, abogado, que un revolucionario que llega al poder es una contradicción? ¿Y que asesinar a los revolucionarios en nombre de la revolución es consecuencia de esa misma contradicción?””.

El tercer acto, devela la intención del coronel Bautista de ayudar a escapar al general con la ayuda de Villa, posibilidad a la que Ángeles se niega asumiendo su papel de redentor. “”¡Llora por ti, antes de que tus lágrimas desaparezcan de esta tierra regada por las lágrimas! ¡Llora igual que Madero antes de que lo sacaran para su asesinato! Para que luego digan: Madero era un tonto, Ángeles era un tonto. De las lágrimas tontas de los tontos nacen manantiales de los que surge la frescura de la patria””.

Con información de: Vidaalterna.com y Wikimexico.com