Historias de fantasmas en el Hospital ‘Dr. Florencio Anaya Ruiz’

La Planchada

Antiguo Hospital Civil “Dr. Florencio Anaya Ruiz”, 1940´s (Hoy IRBAM).

Entre los expedientes del Archivo Histórico Municipal en los recovecos de cajas y carpetas, entre sus abismos insondables que tan sólo un servidor ha visto, para aquellos que sepan en donde buscar podemos hallar fotografías extremadamente interesantes, una de ellas, nos lleva a la siguiente historia:

Un grupo de enfermeras con su traje antiguo y unos doctores posando junto a ellas, al reverso de la fotografía con un escrito que ya casi se desvanecía dice: “Cuerpo de enfermeras del Hospital Civil, 1933”.

Enfermeras del Hospital Civil, detrás de los dos médicos, ‘Julia’ afirma que esa es ‘La Planchada’, esta fotografía es de 1933.

A mi memoria vinieron inmediatamente las historias de ‘Don Panchito’, Don Panchito era un intendente que trabajaba en lo que antiguamente era el Hospital Dr. Florencio Anaya Ruiz y que es hoy el IRBAM, Don Panchito me contó muchas historias, que les contaré en otra ocasión, pero él, que alcanzó a nacer en el antiguo hospital, me contaba que veía mucho a ‘La Planchada’ y que platicaba con ella muy seguido y que era el único fantasma de todos los espectros que se aparecen, que no le daba miedo, ‘La Planchada’ le decía: “No tengas miedo, no te harán nada”, Don Panchito ya está jubilado y ya no vive más enfrente del IRBAM y no pude encontrarlo para enseñarle una copia de la foto, entonces me acorde de ‘Julia’, una amiga de mi mamá que solía trabajar ahí y tuvo una experiencia aterradora con ‘La Planchada’ en pleno día.

Ella estaba haciendo su trabajo diario en su oficina, que esta inmediatamente en la entrada del edificio, a unos pocos metros se encuentran unas bancas donde la gente se sienta a esperar a que los alumnos salgan de sus clases, ahí estaba Don Panchito, en este contexto transcurría el día normalmente, cuando por la puerta cruzo una señora, Julia no estaba viendo atentamente la pantalla de su computadora así que solo la vio de reojo, y como es muy común que los padres de los alumnos se sienten a esperar a sus hijos ahí, no le prestó demasiada atención y siguió con lo suyo. Volteó un momento a ver a aquella mujer y notó que era una persona ya entrada en años, con el cabello platinado hasta más abajo de la cintura, con un chaleco al rojo vivo y que extrañamente llevaba encima muchos crucifijos y rosarios, no obstante tenía muchos pendientes y prosiguió escribiendo en su computadora.

Cuando de pronto, la señora comenzó a mirar alrededor como si estuviera buscando algo y diciendo en tono melancólico: “No han cambiado muchas cosas desde que yo trabajé aquí, está siempre fue la dirección, veo que las cosas andan bien, bueno, ya me voy” y justo en ese momento, Julia tuvo un impulso involuntario de mirar hacia el piso y pudo notar los zapatos de enfermera antiguos en aquella anciana mujer, casi al mismo tiempo la puerta por donde había entrado la Planchada se iba cerrando y Julia corrió inmediatamente hacia la puerta y grito: “¡Don Pancho! ¡La Planchada!”, Don Pancho, sentado a escasos metros de la entrada corrió velozmente a la entrada y se fijó en ambas direcciones de la calle y no vio a nadie, La Planchada, se había desvanecido.

Cuando tuve la fotografía en mis manos, recordé todo esto, y le enseñé dicha foto a Julia con quien aún tengo contacto y pudo señalarme quien era la mujer a quien había visto ese día.

Cuando todavía hablaba con Don Pancho, él siempre decía que conocía la verdadera historia de ‘La Planchada’, pero que no podía decírsela a nadie, que por no íbamos a dormir en meses, de tan horrenda que es, pues la historia que circula por ahí, no es la verdadera, es aún más horrible.

Como datos extras, debo decir que ese edificio, ha sido hospital desde el año de 1858, que son los documentos que he visto, pero ya desde 1830 existía un Hospital Militar para atender a los soldados acantonados en la ciudad que iban primero para sofocar la rebelión en Texas y después para intentar conquistar el territorio.

También servía como manicomio, el horno crematorio todavía existe y puede verse su chimenea, así mismo, aunque solo quedan las paredes, existen unos cuartitos enrejados que es en donde asilaban a los pacientes con enfermedades altamente contagiosas, como la tuberculosis, fiebre amarilla o cuando la pandemia de la Gripa Española en 1918, también ahí recluían a los dementes que terminaban muriendo sin que nadie los reclamara, todo esto nos puede dar una idea toda la gente que murió allí y del porqué, aun en pleno día, uno puede presenciar fenómenos paranormales y que durante la noche, los guardias no se atreven a dar rondines en lo profundo de las instalaciones, por las aterradoras visiones y sonidos de lamentos y voces que pueden escucharse claramente.

Estas y otras historias de terror, aparecidos y espectros, se contaran en otra ocasión…

Fuentes: Archivo privado de la Maestra Rosaura Alicia Dávila Dávila

AHM/Fondo Prof. Eustacio Sauceda/Caja No. 2/Colección de fotografías

*Se omitieron los nombres reales de las personas involucradas para proteger su privacidad.