Giordano Bruno, el Mártir de la Libertad de Pensamiento

Por: Juan Rodríguez Vega

Nació a comienzos de 1548 en Nola, a unos veinte kilómetros de Nápoles, entonces bajo el dominio español. Sus padres fueron Giovanni Bruno, soldado del ejército español, y Fraulissa Savolino. Fue bautizado con el nombre de Filippo.

A los 15 años, Filippo se convirtió en Giordano, cambió su nombre por el que había elegido para entrar en la congregación de los dominicos.

Muy pronto empezó a causar revuelo por su carácter indócil y sus actos de desafío a la autoridad. Bruno rechazaba, como Copérnico, que la Tierra fuera el centro del cosmos; no sólo eso, llegó a sostener que vivimos en un universo infinito repleto de mundos donde seres semejantes a nosotros podrían rendir culto a su propio Dios.

Bruno tenía también una concepción materialista de la realidad, según la cual todos los objetos se componen de átomos que se mueven por impulsos: no había diferencia, pues, entre materia y espíritu, de modo que la transmutación del pan en carne y el vino en sangre en la Eucaristía católica era, a sus ojos, una falsedad. Tales gestos podían considerarse sospechosos de protestantismo, en una época en que la Iglesia perseguía duramente a todos los seguidores de Lutero y Calvino. Bruno fue denunciado por ello a la Inquisición.

Se formularon 130 artículos de acusación contra él. Por temor a la Inquisición, a los veintiocho años abandonó la “prisión angosta y negra del convento” y huyó de Roma en 1576. Desde entonces pudo decir, con razón, que “toda la tierra es patria para un filósofo”.

Viajó por el norte de Italia, Paris, Londres, Wittenberg y Praga entre otros lugares. Expresó en escritos y conferencias sus ideas científicas acerca de la pluralidad de los mundos y sistemas solares, el heliocentrismo, la infinitud del espacio y el universo y el movimiento de los astros.

Sus escritos más importantes son ‘De umbris idearum’, de 1582; ‘La cena de las cenizas’, ‘Del universo infinito y los mundos’ y ‘Sobre la causa, el principio y el uno’, las tres últimas escritas en 1584. En 1585 escribió Los furores heroicos donde, en un estilo de diálogo platónico, describe el camino hacia Dios a través de la sabiduría.

En 1590 se dirigió al convento de las Carmelitas en Fráncfort y Zúrich. A instancias de Giovanni Mocenigo, noble veneciano, regresó a Italia. Mocenigo se convirtió en su protector, para impartir cátedra particular, fijando su residencia en Venecia.

El 21 de mayo de 1591, Mocenigo, “no satisfecho de la enseñanza y molestado por los discursos heréticos de su huésped”, le denunció a la Inquisición. La Inquisición veneciana lo encarceló el 23 de mayo de 1592 y fue reclamado por Roma el 12 de septiembre de 1592. El 27 de enero de 1593 se ordenó el encierro de Giordano Bruno en el Palacio del Santo Oficio, en el Vaticano.

El proceso fue dirigido por el cardenal Roberto Belarmino, canonizado en 1930 por la Iglesia católica y quien años después, en 1616, llevaría el similar proceso contra Galileo Galilei. Giovanni Mocenigo fue acusado de herejía al descubrirse que intentaba dominar las mentes ajenas, cosa que Bruno se negó a enseñarle. Mocenigo nunca fue apresado ni existió proceso en su contra.

En 1599 se expusieron los cargos en contra de Bruno. Giordano decidió reafirmarse en sus ideas y el 20 de enero de 1600 el papa Clemente VIII ordenó que fuera llevado ante las autoridades seculares.

Luigi Firpo lista estos cargos que fueron puestos contra Bruno por la Inquisición:

  • Tener opiniones en contra de la fe católica y hablar en contra de ella y sus ministros.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica sobre la Trinidad, la divinidad de Cristo y la encarnación.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica en relación a Jesús como Cristo.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica en relación a la virginidad de María, la madre de Jesús.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica en relación a la transubstanciación y la misa.
  • Decir que existen múltiples mundos.
  • Tener opiniones favorables de la transmigración del espíritu en otros seres humanos después de la muerte.
  • Brujería.

La Inquisición lo acusó inicialmente por sus ideas anti-dogmáticas, que ya le habían costado el hábito dominico. Como anti-Trinitario, rechazó la virginidad de María y la transubstanciación. Sus reflexiones sobre cuestiones de cosmología, y su atracción por la magia dieron gradualmente lugar a una impresionante lista de acusaciones. Al final, fue el conjunto de su pensamiento lo que fue impugnado. En febrero de 1593, Bruno fue encarcelado en las prisiones del Santo Oficio. El juicio se prolongó durante otros dos años antes de tomar la decisión de realizar un estudio en profundidad de sus obras, que fueron censuradas y posteriormente quemadas en la plaza de San Pedro. Desde su celda, Bruno terminó de escribir una declaración para su defensa, y presentó su alegato final el 20 de diciembre de 1594 ante el Santo Oficio. El juicio fue interrumpido durante seis meses, tiempo durante el cual Bruno continuó defendiendo activamente su teoría de los infinitos mundos, a veces afirmando que estaba dispuesto a retractarse, y otras declarando que era fiel a sus ideas. Por lo tanto, el cardenal Belarmino elaboró una lista de las teorías consideradas heréticas, sobre las que Bruno de nuevo vaciló antes de negarse categóricamente a renunciar a ellas.

Las ocho proposiciones a las que el filósofo se negó a renunciar fueron las siguientes:

  • La declaración de “dos principios reales y eternos de la existencia: el alma del mundo y la materia original de la que se derivan los seres”.
  • La doctrina del universo infinito y los mundos infinitos en conflicto con la idea de la Creación.
  • La idea de que toda realidad, incluyendo el cuerpo, reside en el alma eterna e infinita del mundo: “No hay realidad que no se acompañe de un espíritu y una inteligencia”.
  • El argumento según el cual “no hay transformación en la sustancia”, ya que la sustancia es eterna y no genera nada, sino que se transforma.
  • La idea del movimiento terrestre, que, según Bruno, no se oponía a las Sagradas Escrituras, las cuales estaban popularizadas para los fieles y no se aplicaban a los científicos.
  • La designación de las estrellas como “mensajeros e intérpretes de los caminos de Dios”.
  • La asignación de un alma “tanto sensorial como intelectual” a la Tierra.
  • La oposición a la doctrina de Santo Tomás sobre el alma: la realidad espiritual permanece cautiva en el cuerpo y no es considerada como la forma del cuerpo humano.

El papa Clemente VIII dudó de la sentencia impuesta a Giordano antes de dictarla porque no deseaba convertir a Bruno en un mártir. El 8 de febrero fue leída la sentencia en donde se le declaraba herético, impenitente, pertinaz y obstinado. Es famosa la frase que dirigió a sus jueces:

Maiori forsan cum timore sententiam in me fertis quam ego accipiam

(Tembláis acaso más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla)

Fue excomulgado y sus trabajos quemados en la plaza pública.

Durante todo el proceso fue acompañado por monjes católicos. Según testigos presenciales, Bruno fue despojado de sus ropas, desnudado y atado a un palo; además, llevaba la lengua “aferrada en una prensa de madera para que no pudiese hablar”. Lo habitual era ejecutar al acusado de herejía y después quemar el cuerpo. En el caso de Giordano Bruno, tras una condena de más de ocho años, fue quemado vivo el 17 de febrero de 1600 en el Campo de Fiori, Roma.

El 9 de junio de 1889, se erigió por suscripción internacional una estatua en el lugar de su muerte, exaltando su figura como mártir de la libertad de pensamiento y de los nuevos ideales.

Fuentes: nationalgeographic.com y lavanguardia.es

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