La muerte del genio: Ludwig van Beethoven

Por: Juan Rodríguez Vega

El 26 de marzo de 1827 murió en Viena el (para quien esto escribe) mayor genio musical de la historia.

Ludwig van Beethoven había nacido un día como hoy 16 de diciembre en Bonn en 1770 por lo que hoy se celebra el 250 aniversario de su natalicio y ya durante su infancia comenzó a dar muestras de su gran talento musical. Con sólo doce años formaba parte de la orquesta de la corte del príncipe elector de Colonia y desde 1792 se convirtió en discípulo de Haydn en Viena. Decidido a buscar nuevas vías en la expresión musical, rompió con las convenciones del Clasicismo en aras de una arrolladora expresividad que le llevaría a convertirse en padre del Romanticismo musical. Pese a su creciente sordera nunca abandonó su trabajo como compositor. Su obra está llena de innovación y dificultad técnica siendo buena muestra de ello su Sonata No 29 Hammerklavier, el Cuarteto de Cuerdas No 29 Op 131 y su célebre Novena Sinfonía, en la que por primera vez se incorpora un coro al conjunto orquestal haciendo de la voz humana un instrumento más.

«La música de Beethoven se dirige al ser humano en su conjunto, a la razón y al cuerpo», dice el musicólogo Benjamin Walton, de la Universidad de Cambridge. El sordo Beethoven tenía que recurrir a su cuerpo para percibir la música. Y, para explicarlo, Walton señala los pasajes de unas sonatas para piano en las que Beethoven repite una nota tantas veces que parece que quisiera que las vibraciones generaran un efecto por sí mismas. Este estudioso británico hace mucho hincapié en la importancia del ritmo en Beethoven. También incide en que su música nos suena hoy como si fuera fácil de tocar. Y no era esa su intención. «Beethoven hizo saltar las fronteras de lo que se podía interpretar», afirma. Lo sintieron los miembros del coro que actuaron en el estreno de la Novena sinfonía: se quejaron de que sus partes eran demasiado exigentes.

La exigencia también era consigo mismo. Para luchar contra la sordera, salía al campo para memorizar los cantos de los pájaros. ¿Cómo suena la codorniz? En el manuscrito de su Sexta sinfonía se encuentran anotaciones de este tipo. Así, ya sordo, pudo recurrir al enorme reservorio que era su memoria de sonidos.

La conclusión de una investigación basada en un análisis de cabellos de Beethoven efectuada por el médico forense vienés Christian Reiter en cooperación con la Universidad de Edafología de Viena y publicadas por la revista Beethoven Journal, editada por la Universidad del Estado de San José, en California (EE UU) explica que los rizos del célebre compositor constituyen “una especie de regla en el tiempo”, pues permiten una visión médica de los últimos 400 días de su vida.

Así, entre otras cosas, se pudo determinar que, 111 días antes de la fecha de su fallecimiento en Viena, el 26 de marzo de 1827 comenzó a sufrir una intoxicación con plomo.

La investigación revela asimismo que fue en ese momento cuando el médico Andreas Wawruch comenzó a tratar una pulmonía de Beethoven con unas sales expectorantes que contenían plomo.

Era un tratamiento usual contra este tipo de enfermedad en la época, pues en muchos casos surtía el resultado deseado.

Pero como efecto secundario el paciente sufrió una hidropesía del vientre, y el médico tuvo que hacerle cuatro punciones para que pudiera liberarse de parte del líquido retenido, pues Beethoven “casi no podía respirar” en esa situación.

El caso es que luego el médico cerró las punciones usando jabón de plomo, ya que éste desinfecta y tiene la ventaja de impedir que las bacterias se aniden en la herida o entren en el organismo.

Según Reiter, un factor decisivo para que los efectos secundarios de esa terapia resultasen fatales fue que Beethoven sufría ya una cirrosis hepática, algo que aparentemente Wawruch desconocía y que sólo se descubrió tras la autopsia del cadáver.

Reiter asegura que el doctor actuó correctamente, dados los medios que tenía a disposición: el uso del plomo en una época en la que todavía no había antibióticos era ‘una buena idea’ a pesar de sus efectos secundarios.

El experto considera que la cirrosis fue, sin duda, favorecida por el consumo de alcohol de Beethoven, pero descartó que el músico “bebiera de forma excesiva” (En marzo de 1827, Beethoven se acercaba al final. Durante décadas había bebido demasiado: dos botellas de vino blanco y una de vino tinto al día. Entonces, al vino blanco barato se le añadía plomo). Beethoven pasó muchas horas de agonía en su lecho de muerte. Al parecer, el mal se debió principalmente a que su hígado había quedado debilitado por una hepatitis A.

Y esta enfermedad pudo haber sido consecuencia de una vida itinerante e inestable: el compositor dormía con frecuencia en posadas, “no tenía las mejores amas de casa” y en consecuencia es seguro que no vivía en las mejores condiciones de higiene, según el médico austríaco.

Sin embargo, Reiter está convencido de que sin la pulmonía y el tratamiento con plomo Beethoven hubiese vivido algunos años más.

Anteriormente a esta investigación, el Centro de Estudios sobre Beethoven de EE UU, en Phoenix (Arizona), dio en 2000 a conocer los resultados de otro análisis por rayos X y pruebas de ADN, efectuado en muestras del cabello de Beethoven, comprados en una subasta celebrada en 1994 por la firma Sotheby’s de Londres.

También esos análisis demostraron que Beethoven tenía en su organismo una concentración de plomo 100 veces superior a lo considerado aceptable, pero no se pudo entonces determinar la procedencia del metal, considerándose que la fuente podía haber sido el agua que bebía.

Pero, un médico Francois Martín Mai publicó un artículo en 2006, después de haber traducido del latín el reporte original de la autopsia de Beethoven. “La cavidad abdominal está llena de cuatro cuartos de un líquido rojizo, nubloso. El tamaño del hígado es reducido a la mitad, es compacto y tiene una consistencia apergaminada, de un color azul-verde y su superficie está cubierta de nódulos del tamaño de un frijol”. Para Francois Mai, sin lugar a dudas, el alcohol acortó los días de Beethoven, llevándolo a una deficiencia del hígado, agravada por una peritonítis.

El último día estalló una tormenta. Un testigo aseguró que Beethoven levantó el puño con el retumbar de un trueno y luego falleció.

Su vieja amiga Elisabeth Röckel se encontraba a su lado cuando murió y le cortó un mechón de pelo. Gracias a eso se pudo realizar el análisis. Más de veinte mil personas acompañaron su féretro por las calles de Viena, los niños no tuvieron colegio ese día. Beethoven fue una estrella y un luchador: compuso a pesar de la sordera, amó a pesar de los obstáculos, hizo una loa a la alegría a pesar de la depresión.

Si la causa de la muerte del genio quizá nunca será establecida, sus últimas palabras también son controversiales. Según algunos amigos, exclamó:

Plaudite, amici, comedia finita est.

Aplaudid, amigos, la comedia ha terminado.

Fuentes:

palomavaleva.com

20minutos.es

efemeridespedrobeltran.com

canalhistoria.es