El origen del árbol de navidad

Jeremías, el profeta del siglo VII a.C., dice que “las costumbres de los pueblos son vanidad” porque un leño “con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva”. Jeremías se refiere a la vanidad de adorar “objetos sin valor”, propia de los paganos, en vez de venerar al Señor, ‘el Dios verdadero’.

El árbol de Navidad no existía como tal, pero estos versículos revelan una costumbre ancestral: cortar un árbol para adornarlo o, como hacían los babilonios, para dejar regalos debajo del mismo. Tertuliano, un cristiano que vivió entre los siglos II y III d.C., critica los cultos romanos paganos, imitados por algunos de sus correligionarios, de colgar laureles en las puertas de las casas y encender luminarias durante los festivales de invierno.

Los romanos adornaron las calles durante las Saturnales, pero fueron sobre todo los celtas quienes decoraron los robles con frutas y velas durante los solsticios de invierno. Era una forma de reanimar el árbol y asegurar el regreso del sol y de la vegetación. Desde tiempos inmemoriales, el árbol ha sido un símbolo de la fertilidad y de la regeneración.

Otra versión afirma que cuando los primeros cristianos llegaron al territorio norte de Europa encontraron una celebración que se realizaba en honor al nacimiento de Frey, el dios del Sol y la fertilidad.

Dicha festividad se hacía con un árbol que simbolizaba el universo -llamado Yggdrasil-: la copa era Asgard -morada de los dioses- y el Valhalla -el palacio de Odín-.

Las raíces simbolizaban el Helheim -el reino de los muertos-. Claro que la influencia y evangelización cristiana transformó la tradición y más tarde se resignificaría: el árbol de Navidad como símbolo para celebrar el nacimiento de Cristo.

Los primeros cristianos en llegar a escandinavia observaron que la fecha de adoración nórdica coincidía con la Navidad.

Con la evangelización de esos pueblos se conservó la tradición, pero se cambió por completo su significado.

Árbol de navidad en México

Se dice que, durante el Segundo Imperio Mexicano, los emperadores, Maximiliano y Carlota, se instalaron en el Castillo de Chapultepec.

Para la primera Navidad en tierras mexicanas, es decir, la del año 1864, mandaron instalar un fastuoso árbol de Navidad. Este sería el asombro de la corte y de la aristocracia en general, quienes seguían la moda y costumbres de los emperadores.

A la caída de Maximiliano I, en 1867, las costumbres imperiales se desterraron. Sin embargo, algunas permanecieron o florecieron más tarde.

Una de esas costumbres fue el árbol de Navidad, que volvería a aparecer en 1878. Cuando el general Miguel Negrete colocó uno en su casa y cautivó a las personas y a la prensa.

Se dice que el general retomó esta tradición influenciado por sus viajes constantes a Estados Unidos.

Muy pronto la tradición comenzó a replicarse en diversas partes de México:

Primero en las zonas urbanas para luego, con el tiempo, convertirse en una costumbre que está prácticamente en todos los lugares del país.

Con información de National Geografic y Muy Interesante