La muerte de un genio: Johann Sebastian Bach

Por: Juan Rodríguez Vega

Johann Sebastian Bach, hijo de una familia de músicos y padre de otros tres músicos destacados, nace en Eisenach, Alemania en 1685, es sin duda uno de los más grandes músicos de la historia y para muchos el mejor. Su inmortal e ingente obra musical contrasta con la escasa y a veces poco fi-dedigna información disponible sobre aspectos de su vida y en especial las causas de la enfermedad que lo afectó en el último año de su vida.

Nacido en 1685 en el seno de una familia que en gran medida se dedicó a la música, Johann Sebastian Bach fue, desde niño, muy suspicaz e inteligente.

Fue un incomprendido. Durante mucho tiempo, J. S. Bach fue un genio relegado. Después de su muerte, su música estuvo ignorada durante casi un siglo. Eran pocos los que lo conocían y lo consideraban como uno de los grandes maestros del barroco alemán, entre ellos Beethoven y Mozart. Esto supuso un arduo trabajo para que el nombre de Bach retumbara hasta nuestras fe-chas con la fuerza que conocemos.

Bach fue un hombre sano y robusto la mayor parte de su vida tal como se aprecia en uno de los pocos retratos auténticos pintado en 1746, 4 años antes de morir.

Su único problema de salud aparente fue la presencia de dificultades visuales: siempre “fue corto de vista” según su hijo Carl Philipp Emmanuel in-formó a J. N. Forkel uno de los biógrafos de Bach más fidedignos. Sus amigos lo atribuían a su increíble capacidad de trabajo pasando noches enteras estudiando, leyendo y transcribiendo música. Es muy probable que haya sido miope, en base a su aspecto en el retrato con los ojos entornados y el ceño fruncido; como músico ocupaba horas de trabajo diario en transcripciones y lectura, incluso desde la infancia, fue un excelente alumno y lector, obviando algunos cursos por su rendimiento sobresaliente5. La necesidad de un trabajo de cerca hace improbable un defecto de refracción que no sea miopía.

El año 1750 las dificultades visuales empeoran asociadas a dolor ocular por lo que su familia le sugiere consultar al famoso oculista inglés itinerante de la época el autoproclamado “Chevalier” John Taylor.

En marzo y abril de ese año Taylor sin un diagnóstico claro, pero pensando en la presencia de cataratas practicó 2 intervenciones de ‘curetaje’ ocular a Bach sin ningún éxito.

En la intervención de curetaje para las cataratas, en que Taylor se decía experto, con una aguja se perforaba la córnea, enganchando el cristalino y traccionándolo hacia abajo, bajo el nivel de la pupila, permitiendo la visión. Esta antigua intervención ya estaba descrita en la antigüedad en el código de Hammurabi y aún era practicada en oriente a principios del siglo XX.

Como la intervención de Bach fue un fracaso, Taylor aconsejó el habitual cuidado postoperatorio que consistía en la aplicación de una mezcla de bálsamo del Perú y agua caliente aplicada directamente en los ojos, colirios de sangre de paloma, sal quemada, y azúcar pulverizada además de sangría y laxantes. Como consecuencia de todo esto Bach quedó completamente ciego, no pudiendo completar su última obra el Arte de la Fuga.

Se comunicó una transitoria recuperación de la visión, pero ha sido interpretado como un fenómeno alucinatorio, el llamado síndrome de Charles Bonnet, que describe la presencia de alucinaciones en pacientes derivados de visión por un dolor que surge cuando existe una lesión parcial o total de un nervio en que la corteza occipital presenta actividad espontánea dando origen a imágenes conscientemente. Luego de unas horas de este fenómeno alucinatorio se describe un ‘ataque’, en esa época el término ataque o ‘stroke’ en inglés puede haber indicado sólo pérdida de conciencia y no una enfermedad particular, quedando en coma y con fiebre por 10 días, falleciendo las 18:15 h del 28 de julio de 1750.

Wolff C., en su libro ‘Bach: The learned musician’, plantea que la presencia ya de un debilitamiento de la salud en 1749, apoyado por el hecho que se buscó un reemplazante en la capilla de la iglesia de Leipzig, el deterioro de la escritura de Bach en los últimos meses, sus mejorías transitorias harían plantear crisis isquémicas (pequeños derrames) cerebrales y como factor de base una diabetes mellitus que explicaría las cataratas y un episodio final también vascular.

Es enterrado en el cementerio de la iglesia St Johannes de Leipzig, y la ubicación exacta de la tumba es desconocida hasta fines del siglo XIX.

No deja de ser irónico el hecho que el único contacto directo de Bach y Handel a pesar de los esfuerzos principalmente por parte de Bach de encontrarse, haya sido a través del hombre que los operó sin éxito, quedando ciegos ambos tanto Bach en Alemania como Händel en Inglaterra.

Si bien, como se ha descrito, no hay certeza de la causa de muerte de Bach no cabe duda del invaluable aporte de su música al patrimonio artístico de la humanidad.

Fuentes:

scielo.conicyt.cl

dw.com

mascultura.mx