Destacan expertos potencial paleontológico del occidente mexicano

Al hablar de vestigios paleontológicos en México, el norte viene de inmediato a la mente, no obstante, de acuerdo con especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el occidente del país, particularmente las entidades de Michoacán y Colima, es un enclave de gran interés para esta disciplina.

Al participar virtualmente en el cuarto día de actividades del V Coloquio de Arqueología de Michoacán y sus áreas vecinas, refirieron que desde el antecedente en 1840, cuando un coleccionista alemán de apellido Meyer reportó un diente de tiburón blanco gigante (Carcharodon mexicanus) hallado en Michoacán, hoy son múltiples los sitios del occidente en los cuales investigadores del INAH y otros centros de estudio, indagan sobre la flora y fauna que ocupó esta región hace milenios.

Comentó que luego del citado reporte de 1840, tuvieron que pasar 120 años para que se registraran nuevos hallazgos en la década de 1960. Captura de pantalla.

El citado encuentro virtual contó con dos exposiciones centradas en el quehacer paleontológico, la primera de ellas a cargo de la presidenta y de la asistente de investigación del Consejo de Paleontología (ConPal) del INAH, Felisa Aguilar Arellano y Leticia Alvarado Mendoza, respectivamente; y del investigador del Centro INAH Colima, Fernando González Zozaya, en la que se brindó una síntesis del vasto patrimonio paleontológico de Colima.

En el marco de la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura, la paleontóloga Felisa Aguilar expuso que en Colima la mayoría de los fósiles recuperados dan cuenta de dos eras: el periodo Cretácico (hace 145 millones de años) de la Era Mesozoica, y el Pleistoceno (que inició hace 1.8 millones de años) de la Era Cenozoica.

El territorio mexicano ha funcionado como un centro de evolución de linajes, debido a su gran diversidad climática y geográfica. Captura de pantalla.

Para el primero de dichos periodos, dijo, los fósiles con mayor presencia corresponden a invertebrados: bivalvos, braquiópodos, amonites y equinodermos; mientras que para el segundo, los vestigios óseos son de animales como los gonfoterios y los perezosos gigantes, que tuvieron una gran dispersión en el territorio que hoy ocupa Colima.

Subrayó que se creyó que la presencia en el pasado del perezoso gigante o también llamado perezoso terrestre panamericano (Eremotherium laurillardi) fue escasa o incluso inexistente en lo que hoy es México, sin embargo, ahora mediante el registro de fósiles se conoce que habitó parajes ubicados en los actuales estados de Jalisco, Colima, Michoacán, Estado de México, Veracruz, Oaxaca e, inclusive, Chiapas.

“El territorio mexicano ha funcionado como un centro de evolución de linajes, debido a su gran diversidad climática y geográfica, lo que debió favorecer a especies como el perezoso gigante, que era un animal muy adaptable, pues así como podía comer pasturas, se alimentaba de ramajes en escenarios más agrestes”.

La bióloga de la Subdirección de Laboratorio y Apoyo Académico INAH, Ana Fabiola Guzmán. Captura de Pantalla

En la segunda exposición del coloquio, la bióloga de la Subdirección de Laboratorio y Apoyo Académico INAH, Ana Fabiola Guzmán, brindó una síntesis de los hallazgos paleontológicos registrados en 36 localidades de Michoacán: Petatán, San José de Gracia, Zacapu, Tzintzuntzan, El Pino, Indaparapeo, Los Bonetes, Arteaga y Turicato, por mencionar algunas, a las que sumó los pueblos colimenses de Ixtlahuacán y Los Ortices.

Comentó que luego del citado reporte de 1840, tuvieron que pasar 120 años para que se registraran nuevos hallazgos en la década de 1960, cuando se recuperaron diversos ejemplares de caballo (Nannippus), mamut (Mammuthus columbi) y perezoso terrestre pequeño (Nothrotheriops).

Instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México, dijo, también han indagado en sitios paleontológicos como el denominado El Aguaje, donde hay huellas de dinosaurios del periodo Cretácico, o el de la Sierra de los Bonetes donde, en la década del 2000, se recuperaron diversos huesos pertenecientes a un pico de pato que fue nombrado científicamente como Huehuecanauhtlus tiquichensis, es decir, antiguo pato de Tichiqueo

“En la zona de Michoacán y Colima existen lugares que propiciaron el depósito de fósiles, como las zonas ‘falladas’ que forman cuencas sedimentarias y áreas de relleno apropiadas para la captación de tales vestigios”, finalizó la investigadora al enfatizar el potencial de futuros descubrimientos de fauna y flora antigua.

Por último, la paleontóloga Felisa Aguilar apuntó que un pendiente de la disciplina en México es encontrar formas innovadoras de comunicar su quehacer al público, el cual, a menudo, “conoce la paleontología a través de una visión distorsionada dada por películas, series de televisión y documentales”, lo que dificulta comunicar los tiempos y las etapas que involucra un proyecto de investigación en la materia.