Invitan a conocer el libro de Jorge Luis Darcy

Para el escritor Jorge Luis Darcy, Nadie prometa el cielo es una publicación en la que se conjugan tres esencias de su escritura.

“Hay tres apartados que me parecen esenciales en mi creación: los escenarios propios del poeta, un diálogo con mi madre y el erotismo”, explica el autor que estará en el Centro de las Artes de CONARTE y desde ahí conectarse con Esteban Ascencio, director de Laberinto Ediciones, vía remota, en una presentación dentro de la serie de novedades editoriales 2020 del organismo cultural.

La cita es este miércoles 3 de febrero a las 17:00 horas, en transmisión en línea por la página de Facebook de @conartenl.

El escritor comenta que tiene algunas expectativas al respecto de este lanzamiento virtual de su obra.

El trabajo, publicado coeditado entre CONARTE y Laberinto Ediciones, será presentado mañana 3 de febrero en línea a través de la página de Facebook del organismo cultural como parte de sus novedades editoriales 2020. Foto Cortesía.

“La palabra, si no es escuchada, está incompleta, decía Octavio Paz, y lo creo. Así que buscar el interlocutor, el amable o desquiciado lector y escucha para el complemento en este oficio de la palabra. Y si se puede, que disfruten un poco de algún verso perdido en este bosque de signos”, dice.

¿Cómo surge el título de este libro?, se le pregunta.

“Es el poema primero que escribí para un futuro libro. Nadie prometa el cielo no es una invitación al desasosiego o la desilusión, sino una invitación al acto amoroso que parezca el cielo a quien lo recibe”, señala.

Jorge Luis Darcy es un poeta mexicano, nacido en Monterrey en 1969. Autor de cinco libros; obra suya forma parte de antologías en Cuba, Venezuela, Colombia y México.

“Siempre estoy escribiendo, leyendo y borrando, y así un día sucede que florece un racimo de versos que hoy tengo el gusto de compartir”, afirma.

La pandemia por el COVID-19 es un fenómeno que, al igual que otros colegas suyos, Darcy lo ha capitalizado de alguna forma.

“Fernando Savater, filósofo de origen español, me enseña que la moral, para que se llame así, debe pertenecer al reino de la libertad no al del control. Algo similar sucede en este encierro. La obligatoriedad no es sinónimo de creación ni de disfrute. Así que el poeta siempre está en perpetua libertad en un voluntario encierro batiéndose a muerte con el verbo y sus secuaces. Siempre estamos ensimismados porque el oficio lo amerita. No es una sensación nueva; extraña, eso sí, que el mundo haga una pausa obligada y de pronto pueda mirarse indefenso. A nosotros nos salva la literatura”, indica.