Investigadores abordarán en coloquio el funcionamiento cotidiano de la antigua México-Tenochtitlan

Plantearon que la capital mexica habría operado como un organismo vivo, en el que desde el tlatoani hasta el macehual tenían un rol por cumplir.

El 12 de mayo, a las 17:00 horas, se realizará el conversatorio “La grandeza de Tenochtitlan.

Cuando se evoca el paisaje de la antigua México-Tenochtitlan, una de las impresiones más conocidas es la de Bernal Díaz del Castillo quien, en su famosa crónica Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, relata que la ciudad flotante le parecía un asunto propio de encantamientos o novelas de caballerías. Sin embargo, más allá de esta conocida visión, se encierra una complejidad urbanística poco reconocida y estudiada.

Con el fin de analizar dicho aspecto, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizará el conversatorio virtual La grandeza de Tenochtitlan, el 12 de mayo, a las 17:00 horas, el cual transmitirá por el canal INAH TV de YouTube, en el marco de “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura.

Previo a dicha actividad, participantes expusieron que las “visiones románticas” a menudo dejan de lado el entramado urbano que existió en la capital mexica.

La Gran Tenochtitlan. captura de pantalla.

El integrante del Consejo de Monumentos del INAH, Eduardo Merlo Juárez, y la arqueóloga Raquel Urroz Kanán, destacaron que hasta nuestros días se preservan documentos como el llamado “Plano de papel amate de la Ciudad de México”, en el cual se aprecia una porción de lo que fue el noroeste de la urbe de México-Tlatelolco.

“En este fragmento, fechado hacía el siglo XVI, podemos ver una traza reticular extraordinaria que habría envidiado Vitruvio, el urbanista que planeó la ciudad ideal para Nerón”, señaló Eduardo Merlo.

Tenochtitlan y Tlatelolco, añadió el arqueólogo, eran urbes divididas en parcialidades y en barrios que tenían sus propios templos, centros de mando y espacios de comercio; en todos ellos, confluían poblaciones multiétnicas que, no obstante sus orígenes, debieron mantener fuertes nociones de identidad colectiva.

En este sentido, Raquel Urroz apuntó que, pese a las claras estratificaciones sociales que existían en la cultura mexica, todos en Tenochtitlan, desde el tlatoani (gobernante) hasta el macehual (gente del pueblo), estaban obligados al tributo o al servicio en beneficio de su ciudad.

A inicios del siglo XVI, Tenochtitlan se había consagrado como un espacio de poder político y simbolismo religioso. Los mexicas, sostuvo la investigadora, la diseñaron como una metáfora de lo que era un espacio civilizado, heredero del prestigio de la antigua Tula.

“Y aunque es claro que existía un aparato administrativo y religioso centralizado, no había mucho del individualismo introducido por los europeos, de allí que la ciudad debió funcionar como un organismo vivo, cuya cabeza era el tlatoani”.

Bajo esa premisa, agregó el arqueólogo Merlo, resulta inverosímil la versión hispana de que Motecuhzoma murió apedreado por su pueblo. “Él era la encarnación de Huitzilopochtli, la voz de los dioses y, por lo mismo, es claro que ningún mexica le habría lastimado jamás”.

Templo Mayor de Tenochtitlan. Maqueta vitual.

Tras la muerte de Motecuhzoma, coincidieron los investigadores, vino el colapso del aparato social de los mexicas, toda vez que sus dos sucesores, Cuitláhuac y Cuauhtémoc, fueron elegidos en periodos de emergencia para liderar una estrategia de resistencia, ya no para actuar como señores de México.

Otro tema que se abordará, adelantaron, será la disposición, el origen y el rol que tuvieron las calzadas en la capital tenochca: desde la primera gran vía de comunicación hacia Tlacopan, hasta la extensión a Iztapalapa y sus ramificaciones a Coyoacán y al territorio hortícola de Xochimilco y Chalco; la calzada de Tepeyacac, creada, en un primer momento, para la vista de los templos de Mixcóatl, y más tarde de Tonantzin; y la calzada de Tenayocan, que partía desde el centro de Tlatelolco.

La Grandeza de Tenochtitlán, segundo conversatorio virtual.

Tenochtitlan, concluyeron, puede investigarse desde una dimensión práctica, de ingeniería y arquitectura, y desde el aspecto cosmogónico, con significados múltiples que sacralizaban tanto al entorno natural de la Cuenca de México, como a los espacios y edificios de gobierno más importantes.