De alcabalero a mendigo: La ruina de Don Cayetano Girón

Segunda Parte

De la serie: ‘Cuentos de la Congregación del Refugio

Señor, al parecer le faltan 700 pesos en sus cuentas, ¿Porqué es eso? -preguntó con severidad Don Lucas- Pues verá uste´, yo…los he prestado a algunos vecinos…mire…-decía hecho un manojo de nervios Don Cayetano, mientras le daba a leer su ‘libro de caja’- Don Lucas examinó ese pequeño cuadernito lleno de apuntes y notas garrapateadas con una letra más o menos regular.

Firma de Lucas de la Garza

Préstamos de 20…de 50…incluso de 100 pesos, y prestando atención a los nombres ya se veía que los vecinos de la Congregación prácticamente usaban de banco al estanco. Mire uste´ Don Lucas -decía Don Cayetano- ahí esta todo lo que me deben, ora que a mi me paguen todo, pero hasta septiembre y ya tengo de vuelta los 700…Sí, pero el dinero lo necesito ahora -lo interrumpió bruscamente Don Lucas- lo está solicitando el Señor Gobernador, además la Real Hacienda no tolera demoras en sus pagos, a ver -en tono molesto le increpó- su escritura de fianza, Don Cayetano fue a la trastienda del estanco donde tenía sus papeles y el sellado para vender, y le dio su fianza a Don Lucas.

Moneda de 8 Reales equivalente a 1 peso, 1796

Ya veo -dijo alzando la mirada Don Lucas cuando acabo de leer el papel- así que su fiador es el Capitán Antonio Guzmán de Cruillas, bueno, pues, así será, mañana temprano salgo a Cruillas a recoger los 700 pesos y con esto estará saldada su cuenta con la Real Hacienda, tenga usted buenas noches señor -dijo en tono serio y severo Don Lucas mientras envolvía todo en un cartapacio- salió a la calle y ya estaba cayendo el sol, en estos lugares es costumbre muy arraigada que la gente salía a sentarse a la entrada de sus casas a tomar el fresco de la tarde-noche, pues aquí los días en verano son de mucho calor.

Los que podían permitirse el lujo, tomaban leche con piloncillo que traían desde Saltillo en los días de feria, los de mediana fortuna degustaban de merienda unos tamales y los más pobres, se contentaban con sentir la brisa salina fresca de la noche, tan solo los zancudos hacen un poco molesto el estar afuera.

En la Congregación no había mesones o cosa parecida, no obstante en estos casos el Padre Felipe de la Garza y Guerra o Don Vicente siempre estaban dispuestos a recibir en sus casas a los funcionarios virreinales, y así lo hizo Don Lucas, se dirigió a la casa de Don Vicente que estaba a pocos metros del Estanco, cruzando la Plazoleta, estaba Don Vicente sentado en una silla rustica afuera de su casa tomando el fresco de la noche junto con su esposa y el mayor de sus hijos y al ver a Don Vicente le preguntó: Señor ¿Tiene usted posada para esta noche?, no señor -contestó Don Lucas- hombre, faltaba más, quédese usted en esta casa y mañana haga usted viaje a donde deba -le dijo Don Vicente- a ver, José tráele a Don Lucas una silla…en el hijo mayor de Don Vicente fue a traerla y Don Lucas y la familia que lo hospedaba se quedaron un buen rato platicando de las novedades en el Nuevo Santander, aunque la gran mayoría de los pesares los causaban los indios hostiles que venían de la provincia de Tejas, los cuales causaban grandes destrozos durante sus mitotes y hacían inseguros los caminos.

Cosa muy distinta pasaba en casa de Don Cayetano, que más bien parecía león enjaulado, caminando de aquí para allá y desgastando el piso de tierra de su jacal, ora ya ideaba un plan para reunir el dinero, ora ya desechaba esa idea, su esposa solo podía reprocharle su mala administración y le decía incontables “hubieras”; “Pues si, pero el hubiera no existe decía él, mira-le dijo Don Cayetano- el Capitán Guzmán es buen amigo, por eso el fue mi fiador, si le escribo un billete, seguro me espera hasta septiembre y este asunto quedará atrás, vamos a quedar medio amolados por un rato, pero si logramos vender caballada en Bejár y en Monterrey, pos´ así nos la podemos llevar” -“Ay, Cayetano -le decía en tono quejumbroso su mujer- ya ves, por andar jugando y prestando dinero ajeno en que nos has metido” -“Ya hombre, ya sé, ya no me digas nada mujer -le contestó Don Cayetano fastidiado- pero menos quejas y ya veré como le hago”.

Y así pasó toda la noche, llena de pesar y malos sueños.

Todavía no salía el sol, cuando Don Lucas ya estaba ensillando su caballo y preparaba sus alforjas para ir a Cruillas, Don Vicente era muy generoso y le había dado bastimento que era como un tipo de galleta de maíz tostado que no se echaba a perder y otras cosas para comer en el camino, de igual manera, por los caminos hay ranchos y aguajes para los caballos y descansar, de aquí a Cruillas se hacen como tres días a caballo, y así lo hizo, antes de que amaneciera del todo, ya estaba adelantado Don Lucas por el camino real que iba para San Fernando, hacía ya muchos años que antes en esta región los caminos eran muy solitarios y tan solo de cuando en cuando había pequeños ranchos donde los viajeros podían descansar sus caballos y tomar agua, de El Refugio a San Fernando hizo algunas paradas en estos ranchos, aunque muchos de sus nombres se han olvidado…

Todo el camino pasó sin novedades, no obstante Don Lucas siempre iba bien preparado con su mosquete cargado y una buena cantidad de pólvora y parque, además de un sable, por aquello de que en el camino a uno le puedan salir al paso malhechores o indios hostiles, al cabo de los tres días llego a la Villa de Cruillas, ya entrada la tarde, y que era apenas un poco mas grande que El Refugio, con sus calles un poco mejor trazadas y su Plaza bien definida ya que hacía tiempo atrás la había fundado Don José de Escandón, sus habitantes taciturnos se preparaban para irse a descansar, pues era costumbre -y sigue siendo- que en los lugares donde se trabaja mucho la gente se va a dormir temprano para prepararse para la jornada del día siguiente, que comenzaba antes de salir el sol, se dirigió a casa del Capitán Guzmán a pedir posada y a tratar el asunto que lo había llevado hasta ahí.

El Capitán Antonio Guzmán no esperaba la visita de un Guarda de la Real Hacienda ya que el estanco estaba al corriente con sus cuentas, recibió a Don Lucas, cenaron y se pusieron a tratar el asunto, Capitán -le dijo Don Lucas con su acostumbrada seriedad- vengo porque usted es fiador de Don Cayetano Girón, el alcabalero de El Refugio y aquí esta la escritura de fianza que usted firmó y, ha de saber usted que Don Cayetano ha quedado al descubierto con 700 pesos en sus cuentas.

La noticia le cayó como balde de agua fría al Capitán, y quedo unos breves instantes pasmado, así que -la voz de Don Lucas lo volvió en sí- vengo a que me satisfaga dichos reales, pues es orden directa del Señor Gobernador, el Capitán, militar como era, no podía desobedecer aquella orden, y sin tanto titubeo fue a su cuarto y de su armario sacó la caja de madera con cerradura en donde guardaba todo su caudal, y uno tras otro, desfilaron entre sus manos aquellas monedas de plata, que con sus negocios y su sueldo de militar se había ganado, las envolvió en un pañuelo y se las entregó a Don Lucas.

Muy bien, señor, -después de haber contado cuidadosamente el dinero- ha saldado usted su deuda con la Real Hacienda, mañana parto para San Carlos a reportarle este dinero al Gobernador.

Este había sido un golpe muy duro para la bolsa del Capitán, y habría de pasar algún tiempo para que se recuperara del todo.

Y así haciendo y diciendo todos se fueron a acostar en medio de un ambiente algo tenso y serio. Don Lucas se despidió de una manera fría y cordial y tomó el camino Real para la capital, pasarían otros tres días para que llegara a su destino, llego con el Gobernador y entregó los documentos y el dinero, había cumplido con su deber.

Oficio en donde se pone al descubierto los 770 pesos que salió debiendo Don Cayetano

Pero en casa del Capitán Antonio Guzmán las cosas eran muy distintas, había sufrido un afrenta, y esto no se podía quedar así, dinero era lo que hacía falta, por tanto, se resolvió a escribirle un billete al Justicia de San Carlos y demandarle esos 700 pesos a Don Cayetano, y así lo hizo, el billete se tardó tres días en llegar al despacho del Gobernador en la capital, y de ahí, mandaron el despacho a El Refugio con Don Vicente López de Herrera, cuando el billete llegó se fue inmediatamente con Don Cayetano al estanco.

Demanda del Capitán Antonio Guzmán demandando a Don Cayetano por los 770 pesos.
Firma del Capitán José Antonio Guzmán.

Compadre…-le dijo Don Vicente- te esta demandando el Capitán Guzmán por los 700 pesos que te faltaron -al momento en que le mostraba el billete donde venía escrita la demanda- Don Cayetano en todos los días anteriores no podía dormir por las noches, a cada instante la preocupación de donde sacar el dinero lo atormentaba, y ya se cansaba de ir y buscar a los que le debían el dinero.

“Uy, nombre Don Cayetano -le dijo uno de los deudores- ya le dije que hasta septiembre a mi me pagan la caballada que vendí en Mier, pero tenga uste´ la seguridad que le pago. ¿Cómo le vas a hacer compadre? Porque esto es serio, y aunque seamos amigos, recuerda que yo soy el Justicia y tengo que seguir esta causa” -le dijo Don Vicente- “Hombre, bueno, algo ya se me ocurrirá -le dijo sin estar muy convencido Don Cayetano- ahorita veo eso…” y haciendo y diciendo, cerró el estanco y se dirigió a su casa resuelto a escribirle un billete al Capitán Guzmán.

Pero ya buscaba y rebuscaba aquí y allá un papel donde escribir el billete y nada y nada, en el estanco solo tenía del sellado y pues ese no le servía, hasta que al fin, encontró un pedazito de papel, pequeñito, pero pues, papel al fin, y se resolvió a escribirle a su fiador.

Se fue a con Demetrio, un arriero que iba y venía trayendo ora caballada, ora ganado de lana y pelo, ora mercancías, desde aquí, hasta el Presidio del Espíritu Santo, Béjar, Laredo, Saltillo y Monterrey e incluso más lejos, oiga Demetrio, ¿Va uste´ pa´ Cruillas? -le preguntó Don Cayetano- pos´si, si voy, tengo viaje pa´San Carlos ora -le contesto Demetrio- bueno, hágame uste´ el favor de entregarle este billete al Capitán Guzmán -al momento que le entregaba el pedacito de papel- Demetrio lo guardó muy bien entre sus alforjas y a la mañana siguiente partió hacía la Villa de Cruillas…

Demetrio se dispone a hacer el viaje…

Todas las esperanzas de Don Cayetano iban escritas en aquel pedazito de papel…

Continuará…