De alcabalero a mendigo: La ruina de Don Cayetano Girón

3era parte

De la serie: “Cuentos de la Congregación del Refugio”

Demetrio partió al fin para entregar la caballada que tenía contratada por buen precio en San Carlos y así haciendo lo encomendado por Don Cayetano entregó la carta aquella en donde las esperanzas de que las cosas se mantuvieran como hasta ahora iban en aquel pedacito de papel, llegó a la casa del Capitán, descanso, le invitaron a comer y beber e hizo entrega de aquella carta, dormiría aquella noche en Cruillas y antes de partir se proveyó de mas bastimento antes de continuar su camino.

El Capitán Guzmán además de que estaba furioso por tener que haber pagado un dinero con el que no contaba para gastar se enojó todavía más al leer aquella carta que decía así:

Don José Antonio Guzmán en Cruillas, Refugio y Agosto 31/805

Querido compadre, reciba de la apreciable que me trajo Gerónimo; quede, como antes sin el desembargo de mis bienes con motivo de que Gerónimo, no le mando el recibo del Señor Administrador y hasta esta fecha no ha aparecido dicho Sargento Balli; y aun teniendo la proporción de que si me hubiera desembargado, tenía que enviar las mulas a 30 pesos para y dar diezmo en ella (…) –tillo a vuestra merced o a quien su persona hiciere en aquella Villa como hasta ahora lo tengo por pasado aun sin el desembargo, siendo con licencia de vuestra merced o no siendo para que se le entregue a vuestra merced en el Saltillo, ese abono además del fierro que pasa a fines de septiembre tendrá vuestra merced el dinero que falta por que le consta a Gerónimo que despache a mi José Manuel con una partida que lleve para la Huasteca que me habilitaron para salir de este dinero para mi tiempo espero en pagarle a vuestra merced, yo todo bien quedo arrestado y mis bienes embargados, por no querer Don José María Balli y así le pido a vuestra señoría paciencia hasta que vuestra señoría determine sobre mis asuntos, en todo vuestra merced determinara lo mejor.

Saludo a vuestra familia y niños, y lo mismo hace la mía, y vuestra merced mando así como que mi desea este, Guarde su merced muchos años.

Vuestra merced dispense el papel que no hay más en esta, vale”

José Cayetano Girón

Papel Sellado usado para los documentos oficiales solo los vendían en los Estancos y era un monopolio de la Corona

¿Pero es que como se atreve? ¡¿Todavía de que pongo mi cara de baqueta, aun tiene la insolencia de no quererme pagar hasta cuando le convenga?! -estallando de cólera el Capitán- no, esto no se va a quedar así, definitivamente no, desde este mismo instante voy a empezar el juicio pues esos reales me hacen falta y ya no toleraré mas pretextos ni excusas.

Y así diciendo y haciendo, resolvió a escribirle al Gobernador de todo lo acontecido, y en cuanto pudo emprendió el viaje a San Carlos a ver a Manuel de Yturbe e Yraeta, preparó su caballo, su silla y sus armas, llenó sus alforjas con bastimento y se echó a andar en el camino real, rumiando su suerte y maquinando ya su venganza contra el agravio recibido.

En aquellos lejanos días, la Villa de San Carlos como casi todos los pueblos del Nuevo Santander, eran pequeños y las mas de sus casas eran de sillar, muy pocas, eran de ladrillo o completamente de madera, había algunas construcciones del gobierno o del clero que si eran de material más resistente, pero como todo, San Carlos era apenas un poco más grande que Cruillas, Reynosa o Camargo y sus habitantes se dedicaban a casi lo mismo, lo único variante es el paisaje y el clima que conforme uno se dirigía más al norte, el calor era extremo y el frío lo mismo y no se diga se la costa, pero muy pocos se dedicaban a pescar.

Llegando así a San Carlos y procurándose alojamiento, el Capitán Guzmán resolvió inmediatamente a ir a ver al Gobernador a su despacho, después de esperar y hacer un poco de antesala, el Gobernador lo hizo pasar a su despacho y le preguntó que qué deseaba; Vuestra merced -hablando en tono humilde y mesurado-, creo que ya se ha enterado del asunto del alcabalero del Refugio y me quedó a deber poco más de 700 pesos y como yo era su fiador he tenido yo que enterar esos reales a las Cajas Reales, en efecto -respondió el Gobernador- estoy enterado del asunto…entonces viene usted a…que se me repongan los reales señor y se me haga justicia -respondió el Capitán con firmeza- y justicia tendrá si eso es lo que pide -dijo en tono deferente Don Manuel-.

Y así dio inicio al largo juicio…que el Capitán Guzmán sostendría contra Don Cayetano, así como hoy, en los viejos días de antaño, los asuntos en los palacios de justicia obraban lento, y peor aun pues las comunicaciones eran pocas y tardadas, ya se gastaban cantidades aquí y allá, se compraba la tinta y el papel, se pagaba a los escribientes -que los había pocos y que tuvieran buena caligrafía- pero en fin, se hicieron los escritos iniciales y llegaron hasta manos de Don Vicente López de Herrera, ya estaba cayendo el sol cuando recibió los papeles y se encaminó luego luego a casa de Don Cayetano en donde ya se disponían a cenar y donde fue invitado cordialmente, se puso la mesa y mientras cenaban Don Vicente le pasó aquellos papeles mientras le decía -Compadre, ya ves, te dije, el Capitán no es una persona tan comprensiva y te esta demandando por 700 pesos…dime ¿Tienes el dinero?- al mismo tiempo que esto le decía Don Vicente el bocado se torno amarguísimo para Don Cayetano y tuvo que escupirlo, para quitarse el mal sabor de boca tuvo que tomar mucha agua y después de reponerse le contestó -pues no, no los tengo, así todo no- le contestó Don Cayetano -Ay, compadre ya ves…mira, lo que puedo hacer es por lo pronto prestarte 200 pesos…ya después me los pagas- Don Cayetano aceptó la oferta y eso lo calmó un poco, terminaron todos de cenar, Don Vicente se retiró y la familia Girón se acostó a dormir, pero el único que no podía conciliar el sueño era Don Cayetano.

No pasaría mucho tiempo antes de que se comprobaran todos los malos manejos que del Estanco hacía Don Cayetano, los préstamos que cobraba a réditos de las Cajas Reales y los gastos que hacía con dinero del Rey…toda defensa fue inútil, cualquier alegato…desoído…Don Cayetano tenía que pagar a como diera lugar, y tenía que ser rápido o podía perderlo todo, en el estado actual de las cosas y con apenas menos de la mitad del dinero para pagar tuve que idear un plan desesperado…

Junto a los mayores de sus hijos y les dijo -Chema mijo, va a tener ir pa´Béjar…va a vender esta caballada nomás váyase con cuidado, que no lo vayan a ver por los caminos reales porque uno nunca sabe quien lo pueda ver- por aquellos días José María, el hijo mayor de Don Cayetano tendría apenas 18 años pero era ya un vaquero experimentado y diestro en el uso de las armas -Ta bueno papá, demé uste´bastimento y pólvora que la voy a ocupar para hacer el viaje- le dijo Chema, y haciendo y diciendo en buen día, antes de despuntar al alba, salieron con la caballada aquella con la esperanza de venderla en Béjar y así ganar dinero…pero no para pagar la deuda, no, Don Cayetano pretendía hacerse pasar como que no tenía ni un quinto, el que no se le cobrara, aun tener dinero y seguir con el estanco…plan que desde luego no le funcionó…y ahora les contaré porqué…

José María y su compañía en camino a San Antonio de Béjar

El camino a Béjar si bien no era tan peligroso, había que tener en cuenta la principal amenaza que eran los ‘indios bárbaros’ que asolaban los caminos, en realidad aquellos territorios eran ancestralmente suyos y consideraban a los españoles como invasores, ellos solo defendían lo que consideraban suyo, Chema junto con los demás que llevaban la caballada sabían de sobra esto, pues aun en la Congregación habían repelido ataques de estas tribus durante sus ‘mitotes’ en la luna llena, eran excelentes jinetes y manejaban con maestría el arco y la flecha montados en el caballo y no los intimidaban los mosquetes, que eran muy imprecisos y lentos para cargar.

Andando en caminos poco transitados así, obedeciendo a lo que le dijo su padre evitaban los caminos reales para así no ser vistos…decisión que fue funesta, pues las tribus que habitan aquellos parajes solitarios conocen de sobra sus veredas y senderos, al ver la cantidad de caballada que traían resolvieron a emboscarlos para robarles todo cuanto traían…

Sin sospecha alguna del mal que se avecinaba, Chema y los demás arriaban a la caballada sin ningún temor hasta que de pronto…una flecha paso silbando rozándole el rostro al momento que se escuchaban los gritos de guerra de los indios…-¡Cúbranse!- grito Chema mientras todos se tiraban al suelo, entre el monte no sabían exactamente desde donde les disparaban aquella lluvia de flechas y no sabían a donde tirar, uno de los guerreros indios se adelantó a los demás y Chema viéndolo salir de entre la espesura y sin titubear hizo un disparo con su mosquete el cual le impactó en medio de la frente cayendo muerto al instante, esto enfureció a los indios y salieron todos furiosos a atacar a la compañía de vaqueros y pronto se dieron cuenta aquellos que eran superados en número, hacían cuantos disparos podían, pero los jinetes indios eran muy rápidos y no lograban acertar los más tiros que llevaban…se acaban las municiones, saben que no podrán resistir mas tiempo…

Y cuando dieron todo por perdido y echada su suerte…de pronto aparecieron una partida de rancheros a caballo con lanzas y adargas antiguas, de esas que ya no quedaban muchas en aquellos tiempos, pues aun en los días de antaño a los cuales les cuento, esas eran ya armas casi olvidadas, estos caballeros montados hicieron huir a los indios en desbandada que teniendo varios muertos y heridos, huyeron.

Justo a tiempo llegaron aquellos vaqueros con adargas antiguas a rescatar a la cuadrilla de Chema…

¡Gracias a Dios que llegaron! Un poco más y no la contamos señor, -gritó Chema con júbilo- Poco más y los hubieran hecho muertos a todos ustedes -le contestó el capitán de aquella partida- los indios de por aquí cuando les matan a uno de los suyos se ponen bien bravos, es mejor irnos antes de que empiece a caer el sol, porque van a regresar y los van a andar buscando -y así emprendieron precipitada huida al rancho de aquel vaquero que supieron después se llamaba Martín de León y su rancho ‘El Aranzaso’- llevando algunos heridos entre los vaqueros de Chema por la refriega con los indios.

Curaron a los heridos, descansaron y se recuperaron de la refriega, se pertrecharon y partieron casi de inmediato, dando muchas gracias a la hospitalidad de Don Martín y aquí, fue donde los planes de Don Cayetano perecieron, sin advertirlo, Chema le dijo santo y seña de donde venían a donde iban y con que fin, sin tomar en cuenta que Don Martín de León era compadre también del Capitán Guzmán…noticia que llegó poco tiempo después a oídos del Capitán…

De la venta de la caballada se enteró el Capitán Guzmán…

Los tratos en Béjar salieron muy bien, Chema vendió muy bien la caballada y de regreso ya no se encontraron con ningún indio hostil, si no fuera por clima extremoso hubiera sido un viaje cómodo, llegaron a El Refugio con bien y el entrego los Reales su padre, Don Cayetano creía que su maquinación iba marchando a la perfección…hasta que una semana después, llegó Don Vicente con una funesta noticia:

Compadre…te vengo a decir que ya no eres el alcabalero…el Gobernador te manda destituir…te va a suplir Don Crisóstomo Longoria…y también el Capitán Guzmán se ha enterado que has vendido caballada en Béjar y pide se vendan en subasta pública todo cuanto tienes para que le pagues lo que debes, entrégame las llaves del estanco por favor. Don Cayetano se quedo pasmado, un sudor frío recorría su frente, se le trabó la mandíbula y por poco se cae al suelo de la impresión.

Entregó las llaves a Don Vicente…todo cuanto hizo para defenderse esta ahora perdido…y estaba a merced del Capitán Guzmán…ya no le quedaba ninguna carta por jugar…

Continuará…