El pasado está más lejos que el futuro

Por: Juan Rodríguez Vega

La idea de una máquina del tiempo se hizo popular gracias a la novela titulada así que H. G. Wells publicó en 1895, pero fue Albert Einstein quien a partir de 1905 empezó a ofrecer herramientas intelectuales que permitían especular sobre un viaje en el tiempo en el mundo real. Según la teoría de la relatividad especial, el tiempo se acelera y se ralentiza dependiendo de la velocidad relativa a la que uno se mueve con respecto a cualquier otra cosa. Si una persona parte desde la Tierra en una nave que viaja a la velocidad de la luz, envejecerá mucho más despacio que un amigo que se haya quedado en la Tierra.

Albert Einstein

El físico alemán entendió que el ahora es local y la idea de un tiempo absoluto, que se había aceptado como norma desde Isaac Newton, se resquebrajó aún más cuando la teoría de la relatividad general mostró que la gravedad hace que el tiempo se curve. Este fenómeno, en su versión más extrema, haría que el tiempo de otro viajero espacial orbitando en la proximidad de un agujero negro pareciese detenerse. Aunque no para él. El explorador tendría la sensación de envejecer al mismo ritmo que siempre, pero cuando regresase a casa podría ver que allí el tiempo había transcurrido mucho más rápido y todos sus seres queridos estarían ya muertos o mucho más envejecidos que él.

Esto, de alguna manera, sería parecido a desplazarse al futuro, aunque la percepción del viajero sería bastante distinta de la de utilizar una máquina para dar saltos en el tiempo. La teoría de Einstein también permite, en principio, viajar al pasado a través del espacio tiempo, circulando por túneles abiertos en ese tejido espaciotemporal, pero muchos dudan de que la posibilidad no sea fruto de algún defecto en la propia teoría. Por el momento, habrá que seguir viviendo con cuidado, porque retroceder en el tiempo para arreglar nuestros desaguisados pretéritos parece un sueño muy lejano.

Por qué no se puede poner una multa de tránsito a un electrón

Explicado de un modo burdo, los físicos tienen dos herramientas para entender cómo funciona el universo. En las grandes escalas, las de las estrellas y los planetas y en general el mundo que percibimos a simple vista, la teoría de la relatividad general funciona a la perfección. La cosa se complica cuando descendemos a las escalas microscópicas. Para entender el extraño comportamiento de partículas como los electrones es necesaria la mecánica cuántica, que explica un mundo con el que no tenemos relación directa y nos resulta muy poco intuitivo.

Una forma de entender la diferencia entre ambos mundos la ofrece Germán Sierra con un chiste. Para que Tránsito nos ponga una multa, es necesario que nos hagan una foto en la que se puede ver dónde estamos y a qué velocidad vamos. Como a nosotros se nos aplica la física de Newton, Tránsito puede sancionarnos, pero eso no sucede con un electrón. Con ellos, regidos por la mecánica cuántica, hay que elegir entre conocer su velocidad o su posición, algo que haría imposible ponerles una multa de tráfico. El ejemplo muestra las reglas diferentes que afectan a ambos mundos y explica por qué en ocasiones las explicaciones populares sobre la física cuántica, apoyadas en metáforas basadas en el mundo real, pueden ser confusas.

Erwin Schrödinger

La más famosa de estas metáforas es el experimento mental que planteó Erwin Schrödinger en 1935. En él se introducía un gato en una caja de acero junto a una pequeña cantidad de material radiactivo. La cantidad era tan pequeña que solo existía un 50% de posibilidades de que durante la hora siguiente uno de los átomos se desintegrase. Si eso sucedía, se activaría un mecanismo que llenaría la caja de ácido cianhídrico y el gato moriría.

El experimento del gato de Schrödinger

De acuerdo con los principios de la mecánica cuántica, durante el tiempo que durase el experimento, el gato estaría vivo y muerto al mismo tiempo, resultado de un fenómeno conocido como superposición. Sin embargo, esa circunstancia cambiaría cuando abriésemos la caja para acabar con la incertidumbre. En ese momento, de vuelta a la realidad de la física clásica, el gato estaría o vivo o muerto. En realidad, el gato hacía las veces de una partícula microscópica a la que aplican normas distintas que al animal. Un gato jamás estará vivo y muerto al mismo tiempo.

Fuente:

  • elpais.com

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