Abordan en conversatorio la historia y las problemáticas contemporáneas de los pueblos yaquis

Académicos del INAH y de otras instituciones reflexionaron en torno al perdón histórico que el Estado mexicano pidió a los yaquis

Señalaron al abasto hídrico, la pérdida de territorio y la inseguridad por el crimen organizado como algunos de los mayores retos que hoy enfrenta esta nación

La historia del pueblo yaqui —o yoeme como se autodenomina— es una historia de valentía y resistencia. Ejemplo de ello, fue el primer encuentro que tuvieron con los españoles en 1533, cuando una partida militar al mando de Diego de Guzmán intentó cruzar el río yaqui para someter a dicha población, sin embargo, del otro lado del afluente, un jefe yaqui usó el extremo de su arco para trazar una larga línea sobre el suelo, luego se hincó, besó la tierra y al levantarse le dijo: “si pisas esta raya o la pasas, serán muertos todos ustedes”.

A partir de esa dolorosa derrota los hispanos intentaron conquistar a los yaquis en dos ocasiones más, pero al fallar nuevamente estas empresas, fue hasta 1617, casi 100 años después de la caída de México-Tenochtitlan, cuando los propios yaquis permitieron la entrada de dos misioneros: Andrés Pérez de Ribas y Tomás Basilio.

Lo anterior fue evocado por los investigadores que participaron en el conversatorio “Resistencia, cultura y desarrollo en la tribu yaqui”, organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Centro INAH Sonora, el cual fue transmitido por el canal INAH TV de YouTube, en el marco de la campaña “Contigo en la distancia”.

En su intervención, el director general del INAH, Diego Prieto Hernández, destacó la relevancia que tiene abordar no solo la historia milenaria de los yaquis, sino también las problemáticas actuales de sus ocho pueblos, centradas en la pérdida de su territorio, la falta de acceso a servicios hídricos o educativos, así como en el flagelo que ha supuesto el ingreso del crimen organizado a los territorios de su nación.

Fue hasta 1617, casi 100 años después de la caída de México-Tenochtitlan, cuando los propios yaquis permitieron la entrada de dos misioneros: Andrés Pérez de Ribas y Tomás Basilio.

Si bien, comentó antropólogo, el pasado martes 28 de septiembre tuvo lugar un hecho histórico cuando el Estado mexicano, mediante las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador, pidió perdón a los pueblos yaquis por los abusos cometidos desde el periodo virreinal hasta nuestros tiempos, aún queda mucho por hacer.

Un primer pendiente hacia ellos, dijo el titular del INAH, tiene que ver con el territorio, y aunque se registró un avance como parte del pedimento de perdón y del Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui de Sonora, signado en dicho evento por el presidente López Obrador y los ocho gobernantes yoeme, “devolverles más de dos mil 900 hectáreas de los municipios sonorenses de Guaymas, Cajeme, Empalme y San Ignacio Río Muerto, no será suficiente, por lo cual deberán buscarse mayores tierras nacionales que vuelvan a los yaquis para reconstruir un territorio y, más allá de eso, un patrimonio sagrado”.

En este sentido, el director y el investigador del Centro INAH Sonora, José Luis Perea y José Luis Moctezuma Zamarrón, respectivamente, así como el académico del Colegio de la Frontera Norte, Miguel Olmos Aguilera, y la ministra del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Parastoo Anita Mesri, citaron como otra deuda hacia los yaquis al tema del abasto hídrico.

Y aunque durante el gobierno de Lázaro Cárdenas se emitieron decretos presidenciales bajo los cuales se establecía que, al menos, 50 por ciento de las aguas de la presa La Angostura y de los escurrimientos del río Yaqui debían llegar a los ocho pueblos yoeme para consumo y riego, la realidad es que hoy el caudal que se les asigna ronda el 4 o 5 por ciento.

Un avance en este rubro sobre el cual deberán mantenerse vigilantes, coincidieron académicos y comunidades, es el compromiso del citado Plan de Justicia, para la asignación de un nuevo distrito de riego para las comunidades de Vícam Pueblo, Primera Cabecera, Pótam, Segunda Cabecera, Tórim, Rahum, Huíribis, Belem, Loma de Bácum y Cócorit-Loma de Guamúchil.

“Es destacable el hecho que el Distrito de Riego 018 –comentó Diego Prieto– está planeado para ser administrado por el pueblo yaqui, con lo que se fortalecerá su autonomía y se garantizará el manejo sustentable de su territorio y recursos naturales”.

Además de citarse otros retos que tienen los yaquis a causa de los abusos que ejercen los yoris (personas externas a la nación yoeme), como son los megaproyectos de orden energético o los conflictos e, incluso, asesinatos derivados del trasiego de enervantes por sus territorios, un último punto fue mencionado por el investigador José Luis Moctezuma, relativo a la doble moral que existe en Sonora respecto a los yaquis.

“Por un lado son tomados como símbolos en la cultura popular y representantes del carácter heroico de la entidad, pero por otro se les califica como ‘sujetos que se resisten al progreso’, cuando los yaquis alzan la voz para defender su territorio ancestral y sus recursos naturales”, comentó.

Por último, el antropólogo Diego Prieto hizo votos para que iniciativas como el Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui de Sonora puedan retomarse, a fin de atender, desde sus propias voces, las demandas de otros pueblos originarios del territorio mexicano