Más de 30 expertos participarán en congreso virtual dedicado al patrimonio industrial de México

El encuentro conmemora una década de investigación de los procesos de industrialización y el oficio de la protección de este tipo de legado

Se realizará del 10 al 12 de noviembre y contará con diez mesas, tres ponencias magistrales, presentaciones editoriales y recorridos remotos por un par de sitios

De grandes fábricas a molinos, de antiguas estaciones ferroviarias a puentes, el patrimonio industrial cubre una variedad poco conocida e insuficientemente apreciada, en comparación con otras herencias constructivas. Sin embargo, como demostrarán más de 30 expertos que se reunirán esta semana de manera virtual, su trascendencia radica en que cuenta la historia de la modernización de México.

Del 10 al 12 de noviembre, arqueólogos, ingenieros, historiadores y arquitectos, por mencionar algunos de los especialistas, darán a conocer los avances de sus investigaciones en el Segundo Congreso “Diez años de investigación de los procesos de industrialización y el oficio de la protección del patrimonio industrial”, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La Coordinación Nacional de Monumentos Históricos (CNMH) es la institución convocante del encuentro académico, a transmitirse de 9:00 a 18:00 horas por el canal INAH TV de YouTube, en sintonía con la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México. El programa contempla 10 mesas que girarán en torno a tres temas: el concepto de patrimonio industrial mexicano; la arquitectura y contextos industriales; así como la identificación, inventarios, catalogación y registro de estos conjuntos.

José Gustavo Becerril Montero

El investigador de la CNMH y coorganizador del congreso, José Gustavo Becerril Montero, refiere que bajo la denominación de “inmuebles históricos industriales”, estos espacios tienen cabida dentro de los instrumentos de consulta elaborados por esta coordinación del INAH. Su catálogo identifica 804 fichas como fábricas o industria: papeleras, cerveceras, molinos, hidroeléctricas, estaciones de ferrocarril, textilerías, etcétera, en 27 estados de la República.

Este tipo de patrimonio tiene mayor presencia en ciertas entidades: en Ciudad de México se concentran 59, en el Estado de México se ubican 41, en Puebla, 156, y un caso especial dentro de ese estado es el Pueblo Mágico de Metepec, en Atlixco, donde se encuentran registradas 171 fichas, solo para ese sitio industrial. En el extremo del espectro están Tamaulipas con uno, Yucatán con dos, Colima, cinco, y Jalisco, seis.

Esos datos asentados en la catalogación, explica Gustavo Becerril, pueden estar señalando que esas entidades “o no tienen suficientes vestigios conservados, o no se ha realizado una búsqueda especializada para identificarlos. Otra explicación es que hayan sido totalmente modificados, de manera que es difícil identificarlos como un edificio con pasado industrial. Eso está por hacerse”.

Aunque existe debate entre los especialistas, en opinión del investigador, los primeros visos en nuestro territorio están en las primeras fábricas instaladas en la Ciudad de México, por parte de la Corona española, entre ellas la Casa de Moneda y la Real Fábrica de Tabaco, las cuales se remontan al siglo XVIII.

Ya en el México independiente, uno de los rubros que se quiso desarrollar fue el industrial, bajo el modelo inglés, pero tuvo tropiezos por los vaivenes políticos y sociales. Pese a ello, algunas zonas del centro y sur de la República comenzaron a contar con fábricas entre las décadas de 1830 y 1850, primicia que tienen La Constancia Mexicana, en Puebla; Telar La Aurora, en Valladolid, Yucatán, y la fábrica de hilados La Fama Montañesa, en Tlalpan, Ciudad de México.

Fue en el Porfiriato cuando se crearían las condiciones políticas y económicas necesarias para el despunte industrial del país, y que lograron trascender al siglo XX, movimiento revolucionario de por medio. “Tenemos así un panorama dispar para poder evaluar. Aunque hay características que pueden asociarlos por ramo productivo o incluso por propietarios, no se puede meter en un mismo saco a todas las industrias”.

Desde la investigación actual, este mundo se vuelve más complejo por las aristas a considerar, “ya sea que hablemos de sitios, estructuras, complejos, áreas y paisajes, para el caso de inmuebles. Pero también se consideran los aspectos correspondientes a la organización de la fábrica: maquinaria, documentos, objetos, materiales, energía, infraestructura; además del conocimiento técnico y el organigrama de trabajo, los cuales no se pueden desvincular de los contextos legal, social y cultural. ¿Cómo rescatamos todo eso y de qué manera lo podemos identificar?”, cuestiona el historiador.

Esa empresa es la que intentarán encauzar los 34 partícipes del segundo congreso, muchos de ellos procedentes del INAH, así como de los institutos Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y Mora, de las universidades Nacional Autónoma de México, autónomas Metropolitana, de Zacatecas, de Nuevo León y de Yucatán, además de consejos de cultura estatales e instituciones privadas.

Cada una de las jornadas comenzará con una conferencia magistral: la primera, a cargo de Aurora Gómez Galvarriato, abordará La industrialización de nuestro principal alimento: del maíz a la tortilla; el 11 de noviembre, Lorenzo Meyer Cossío tratará Política industrial de México, del neocolonialismo al neoliberalismo; y el viernes 12, Federico de la Torre expondrá Ruedas, turbinas y máquinas de vapor en la industrialización decimonónica.

El encuentro se complementará con un par de cápsulas sobre el concepto de patrimonio industrial en México; presentaciones de libros, autoría de miembros del Seminario Procesos de Industrialización en México: historia, arquitectura y tecnología, siglos XIX al XX; además de visitas virtuales a la fábrica El Hércules, de Querétaro, a cargo del ingeniero Andrés Torres Acosta, y al Molino de Ayapango, en Chalco, Estado de México, bajo la guía del arquitecto Héctor Perea Chairez.