Datsun, la inocencia hecha poema

“Aunque fue el primero en aprender a escribir su nombre,
era incapaz de atar sus agujetas.”
X. R. M.

El poemario Datsun (UNAM, 2009) de la jalisciense Xitlalitil Rodríguez Mendoza (1982) irradia creatividad y ternura. Si alguna vez queremos escribir poemas para la infancia, para observarnos crecer con el pensamiento, si alguna vez queremos leerles poemas a los pequeños, y a los adolescentes, sin las ataduras del mundo adulto que todo lo juzga con su ojo medieval, Datsun es el libro que debemos elegir. El libro está dividido en tres fragmentos: pero el que vale la pena es el primero que da nombre al poemario (páginas 9 a la 41).

Vemos al pequeño Datsun en el preescolar/primaria en donde irá madurando, pues eso es lo que esperamos de nuestros niños, ante la corrección desde el nido familiar:

“Datsun era el niño más pequeño de su clase. Aunque fue el primero en aprender a escribir su nombre, era incapaz de atar sus agujetas. No entendía el motivo para hacer de una sola cuerda un embrollo.”

(…)

“De todos modos desconocía el significado de ambas palabras que escuchó en el radio.”

“Las cosas ajenas no se tocan porque su dueño desaparece y algo de él se va con uno.”

“La idea de marcharse brotó como un frijol en su cabeza.”

Después lo vemos escurrirse a sus profesores, y de sus padres, hasta discutir con ellos:

“Datsun rompió su suéter de las axilas por amarrárselo a la cintura. Ese día escapó de la escuela para esquivar a su padre. // Su padre lo miró desde el banquito del asombro que apenas lo sostenía.”

Lo disfrutamos al interactuar con sus mascotas:

“A Datsun le regalaron un perrito. ¿Cómo se llama, Datsun? Datsun, se llama Datsun. No. El perro y tú no pueden tener el mismo nombre. El perro y tú no pueden llamarse igual. Es de mala educación ponerle nombres de personas a tus mascotas.”

“El gato gira y lame su tibio corazón de mamífero, prepara su vientre, donde cientos de paracaidistas, fundarán su nueva patria.”

O reconocerse y querer ser como las plantas que ve en el jardín de su casa: 

“¿Qué vas a ser cuando crezcas? Quiero ser una planta. Quiero ser como la que tienes entre el orégano y la yerbabuena). (…) Mamá… nunca puedo ser nada.”

Lo adoramos en su relación con la Naturaleza, al ir descubriéndola, palpándola, haciéndola parte de su vida.

“Lo dicho de las plantas criptógamas es lo mismo que dicen de las luciérnagas: carecen de flores”.

“Así, las criptógamas y las fanerógamas que se contoneaban como matronas por las páginas de las enciclopedias, le parecían viejas anodinas.”

“Se dejó humedecer por el fango y avanzó dormido como avanzan los árboles en la noche, a tientas, con las ramas extendidas hasta tocar el cerco.”

“Ante el fuego y en la capilla del descanso, se convirtieron en grandes osos panda, osos grises, osos negros.”

También lo vemos crecer como estudiante:

“Datsun creció un poco más. Y fue a otra escuela con personas cada vez más altas.”

“Datsun intentaba atrapar sílabas tónicas para su tarea de español”.

Porque el pequeño Datsun es como deben ser los niños, traviesos y aventurados:

“El día que Datsun aprendió a andar en bicicleta, fue el mismo día que conoció la central de la Cruz Roja”.
“Prometo no volver a destruir mis juguetes y echarle la culpa a mi hermano”

Todo el poemario es el homenaje a la humanidad en su descubrimiento del lenguaje y su acomodo en el mundo personal, lo que cada cosa significa para nosotros y lo que nosotros resignificamos para los demás. Y qué es el lenguaje sino la apropiación del mundo mediante signos que unos a otros nos hemos heredado, enseñándolos, aprendiéndolos, haciéndolos nuestros, y de cuando en cuando viene un niño o un poeta a entregarnos un nuevo significado para todo aquello que nos rodea.

De esta forma podemos observar a Datsun descubrirse ante la sociedad del aprendizaje en que comienza a sumergirse:

“Datsun pensaba que las palabras esdrújulas escondían una debilidad de su significado. Por eso eran largas y ornadas. Difíciles de memorizar.”

Y también lo miramos intentar ser a su forma, sin tener que pertenecer al molde en que otros quieren sujetarlo.

Datsun sale de casa, no escapa —quizá jamás lo logremos— y al mismo tiempo sí escapa, para mirarse en la soledad y descubrir de nuevo aquel sueño infantil: “Quiero ser una planta.” Y desde esa idea consuma su marcharse del hogar, construye el viaje en el que intenta ir en pos de sí mismo, perseguir la idea de ser planta (de ser la fanerógama que necesita ser) hasta que pueda convertirse en la realidad con la que otros ojos lo miren:

Xitlálitl Rodríguez
“Trepar el monte era la manera más eficaz de seguir la ruta. (…) los senderos que trepan por la montaña son el penoso rastro de un animal en cuya huida cumple su condena: esquiva la gravedad más poderosa y doméstica el follaje que desgarra el rostro de los viajeros.”

“Cuando conoció a Rufo, ambos se tomaron de la mano y caminaron hacia el monte”

Datsun inicia el viaje, un viaje hacia otros lugares, un viaje búsqueda, en el que la meta es encontrarse a él mismo. Un viaje solitario que no será fácil:

“Datsun se acurrucó en el piso, y sintió cómo el lodo le daba lengüetazos en la mejilla. Se dejó humedecer por el fango y avanzó dormido como avanza los árboles en la noche”.

Tuvo que sentir en carne propia el no encajar por su forma por su lenguaje, el rechazo hasta hacerse entender:

“Las ciudades lejanas (si se toma en cuenta que el trayecto al corazón del extranjero es también una distancia) suelen tener un viento áspero y maltratado que sólo se amansa con la lengua local”.

“Siguió caminando hasta que al fondo de un callejón vio un muro con nichos de agua negra brotando en las esquinas.”

En esa lejanía del hogar lo vemos distanciarse de sus padres, intentar ser quien necesita ser, en el uso y abuso de sus propias libertades, y consumirse hasta poner distancia con lo que fue, se es; o contenerse ante la reflexión de lo que se quiere ser, lograr y conseguir:

“Avergonzarse de una existencia rumiante y sin gracia no ameritaba dar la vida por una minúscula combustión.”

“Ya casi crezco lo suficiente”.

“De pronto le dio por usar vestidos”

“Todo depende del tipo de planta en el que esté interesado en convertirse”

“Datsun se pisó el vestido y cayó de nuca sobre las vías.”

La historia de Datsun que Xitlalitl ha escrito me ha dejado helado. Esas tiernas infancias, esas dolorosas relaciones de familia, a las que sin más remedio tenemos siempre que volver, porque nuestro constructo social nos impele a continuar con esa necesidad de sentirnos fetos en el vientre de nuestra madre, semilla, por siempre. Y la vida se nos convierte en un dar vuelta a las páginas de nuestra historia, si a alguien alguna vez le interesa.

  • Rodríguez Mendoza, Xitlalitl. 2009. Datsun.
  • Ediciones de Punto de Partida, No 6. UNAM. 69 pp.