De sangre militar (parte 2)

Y esa violencia armamentista en la que el país está sumida, no es nueva. Lo cierto es que al fin de la Revolución mexicana mucho se discutió, y por muchos períodos, sobre la necesidad de arrebatarle el mando del país a las fuerzas armadas. Intentar que el Presidente del país no fuera un militar. Idea que le costó la vida al hijo de un general como Venustiano Carranza. Fueron generales Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, coroneles Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L Rodríguez, también generales Lázaro Cárdenas del Río, Manuel Ávila Camacho, y hasta el hijo de un general como Miguel Alemán Valdés (quien llegara a convertirse en uno de los hombres más ricos del país) ocupó la presidencia de México.

Incluso Adolfo Ruiz Cortines (presidente de México del 52 al 58), fue Mayor del ejército mexicano hasta 1926. Es decir que nuestro país estuvo gobernado de 1914 a 1958 por personajes relacionados por vida o sangre con las fuerzas armadas mexicanas. Esto es más de medio siglo. ¿Acaso esas relaciones desde el poder político y el poder militar en los siguientes 64 años (hasta este 2022) se rompieron o se les pusieron límites a los militares? ¡Desde luego que no!

El poder militar no dejó de sentirse en la segunda parte del siglo XX, y ha ido creciendo más y más en los 21 años que han pasado del siglo XXI.

Adolfo López Mateos es acusado del asesinato del gran Rubén Jaramillo. Y se sabe que este presidente fue informante de la CIA.

Gustavo Díaz Ordaz acusado de la Matanza de Tlatelolco en 1968 mediante la Operación Galeana. Fue informante de la CIA.

Luis Echeverría Álvarez acusado de la Matanza de Corpus conocida como El Halconazo. También fue informante de la CIA. Dio inicio la mal llamada Guerra Sucia (todas las guerras son sucias): “policías y militares tenían orden de desaparecer y asesinar a personas inmiscuidas en movimientos políticos y sociales”. Muerte de Genaro Vázquez (1972) y asesinato de Lucio Cabañas en 1974.

José López Portillo. Da continuidad a la Guerra Sucia. Facilita el empoderamiento de Arturo ‘El negro’ Durazo, de quien se narran acuerdos con el crimen organizado.

Miguel de la Madrid.

Carlos Salinas de Gortari. En 1994 se levanta el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el estado de Chiapas.

A Ernesto Zedillo se le acusa de la Matanza de Acteal. A Vicente Fox de dejar escapar o permitir la fuga de El Chapo Guzmán. Felipe Calderón empieza una guerra contra el narcotráfico, inclinándose por su propio grupo que le brinde dinero a él y a sus colaboradores, y permitiendo a las fuerzas armadas enredarse con el narco de su conveniencia. En 2020, la periodista Anabel Hernández señala: “El Cártel de Sinaloa contribuyó con millones de dólares a la campaña de Vicente Fox”, “El presidente Felipe Calderón, según testigos en el juicio contra el Chapo, recibió millonarios sobornos del Cártel de Sinaloa”. A Enrique Peña Nieto se le acusa de la Matanza de Tlatlaya y de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, que según algunas fuentes fueron ultimados y quemados por narcotraficantes, policías municipales, y elementos de las fuerzas armadas, incinerados incluso en sus instalaciones. Hasta hoy la investigación continúa.

Recientemente el presidente Andrés López señaló la necesidad de entregar el control de la Guardia Nacional al Ejército mexicano. Y los Comenta Noticias se apuran a hacer notar, por vez primera, que la militarización está en plan creciente, hasta en el Congreso de la Unión se puede llenar de militares si así se desea, como al inicio de este mes de febrero, cuando se les vio y escuchó entonar el Himno Nacional en San Lázaro.

No. Los militares han dominado el país desde que México es México, ya sea después de la independencia, ya sea en el gobierno de Juárez, ya sea en el Porfiriato, y como hemos visto a lo largo de todo el siglo XX y lo que va del XXI. Militares con poder económico y armamentista, con poder de negociación con las bandas criminales, con poder adquisitivo, con el poder de hacer negocios con otros países.

México sigue siendo gobernado por sangre militar, solo nos hacen creer, a los mexicanos que no tenemos armas, que hay un mando civil, que hay una democracia, que hay partidos políticos independientes, que los narco-malos, son los enemigos, cuando en realidad, todos trabajan bajo las órdenes y al amparo de las fuerzas armadas.