Ignacio de la Garza: El Buscón de sueños 5ta parte

De la serie: “Cuentos de la Congregación del Refugio”

Día tras día y conforme pasaban los años, Nacho crecía y el trabajo nunca cesaba, más nunca de él sacaba provecho, bien se gastaba ya toda su escasa paga en fandangos, ferias y bebida, nuevos robos siempre cometía a todos causaba pesar en Camargo, rara era la ocasión en que los vecinos disfrutaran de días tranquilos, más la familia Capistrán de alguna manera siempre lo salvaba de penas mayores, generalmente siempre le daban algunos cintarazos y puñetazos y con eso se saldaba la ofensa cometida por Nacho.

Hasta que un buen día del año de 1789, Don Bernardino juntó a todos sus hijos una noche durante la cena en donde sirvieron su comida con mucho más esmero que de costumbre, pues se hizo un sabroso guisado de borrego acompañado de ricas tortillas recién hechas, frijoles refritos con manteca junto con la mejor bebida que se pudo comprar en Saltillo, todos los vaqueros principales, hijos y pastores estaban en la mesa y después de haber celebrado mucho el sabor de la cena, en el momento oportuno y con la más seria solemnidad les dijo: Hijos míos, habremos de partir hacia donde será nuestra nueva morada, ya saben el sacrificio que hemos hecho con nuestro trabajo, he adquirido un agostadero que se llamará “El Sacramento” que está cerca de San Juan de los Esteros, todos se miraron con una combinación de emoción y tristeza, emoción debido al viaje que habrían de emprender y tristeza al abandonar Camargo, su hogar de toda la vida hasta el momento.

Y llegada la fecha señalada, pusieron sus escasas pertenencias en carretas y partieron a su nuevo hogar, toda la familia con sus vaqueros y entre ellos iba Nacho con su hermana ya que sus padres estaban ya muy ancianos como para realizar el viaje y se despidieron de sus hijos sabiendo muy bien que dificilmente los volverían a ver así a María le dieron su bendición sabiendo que era una buena muchacha y que no tardaría en encontrar un buen marido pues era trabajadora y diligente mientras que a Nacho solo le rogaban a todos los santos que pronto se enmendara ya que su padre siempre dijo que terminaría preso y condenado a galeras o bien preso en alguna Real Cárcel. En aquellos días antiguos la región que hoy es Matamoros, no se había fundado Villa alguna pues no había ningún núcleo de población, sin embargo los rancheros cuando había la necesidad de defenderse de los ataques los indios, buscaban refugio en el Rancho de San Juan de los Esteros, ya que al estar rodeado de estos últimos se facilitaba su defensa, por lo demás, todos los habitantes vivían esparcidos muy lejos los unos de los otros.

El Rancho el Sacramento se situaba justo al sur de San Juan de los Esteros, la familia Capistrán muy pronto se situó como una de las más influyentes y de mayores bienes de todos los vecinos que llegaron antes que ellos.

Poco tiempo después, la familia Capistrán resolvió que la hermana de Nacho estaría mejor en la Villa de Reynosa, ya que Doña Francisca necesitaba de una mujer joven que le ayudara con sus quehaceres diarios de la casa y el rancho, aquello enfureció a Nacho ya que su hermana, a pesar de todas las maldades que hacía, siempre le remendaba sus trajes y le preparaba los escasos alimentos que obtenía para medio vivir, dicha pérdida significaba el quedarse aún peor de lo que se hallaba, siendo así, un buen día resolvió ir hasta Reynosa para quitar a su hermana de dicha casa y llevársela de nuevo a ‘El Sacramento’.

“¡Ya te dije que no Nacho! ¡Por Dios que alguien me ayude!” gritaba en altas voces una joven indígena frente al jacal de sus amos; “¡No María tú te vienes conmigo! ¡Obedece!”, -Que te digo que no Nacho por Dios –decía la joven mujer- tu eres un ladrón y bueno para nada y siempre andas en cueros, eres borracho y baladrón y yo aquí tengo buena vida y mis amos son buenos conmigo ¡Lárgate de aquí!, -pero María, tu eres mi hermana y debes estar conmigo- repetía Nacho –ahora tú te vas a venir conmigo te guste o no-.

En esa escena estaban cuando de improviso salió de la casa uno de los vaqueros y sirvientes de la casa de Doña Francisca Cavazos, -A ver, que está pasando aquí, ¿Qué es este San Quintín?- ¿Por qué tanto alboroto?- preguntó molesto el vaquero- Mire usted Irineo –respondió María- este es mi hermano Nacho y quiere sacarme de aquí para llevarme con él y yo no quiero, ayúdeme por favor- y antes de que Nacho pudiera abrir la boca solo alcanzó a ver como el vaquero de Doña Francisca con la velocidad del rayo sacó un sable y le asestó un cintarazo tan certero y fuerte que cayó al suelo y allí mismo cayó con un golpe seco cual costal que dejan caer de pronto.

Nacho solo se resolvía a revolcarse de dolor y de lanzar maldiciones a su agresor, ya para entonces un grupo de gente se había acercado a la casa y le habían dado aviso a Don Francisco Ballí que era en aquel tiempo el Teniente de Justicia de Reynosa, -Me lo prenden inmediatamente a este indio revoltoso y que pase a la Real Cárcel- dijo Ballí y ya veremos qué hacemos con él.

Continuara…