Una clase de Historia Real en cuento, en una escuela inexistente imaginaria

Por: Juan Rodríguez Vega

Al principio fue el trueque: Valor real por valor real. Nuestros antiguos parientes neanderthales y cromagnones ya intercambiaban carne por un hacha, cuero por una lanza.

Algunos robaban, se peleaban. Pero la mayoría sabía que era mejor y más lindo intercambiar cosas que tener enemigos o que te maten.

Pasaron unos cuantos siglos, milenios, intercambiando bienes reales de primera necesidad.

Luego de mucho tiempo apareció un tipo con esas cositas redondas y chatas de oro y plata, metales valiosos que se las fabricaba y sería más cómodo para comerciar. Claro, eran de metales apreciados por todos y cómodas de llevar.

Tú le dabas una vaca o una silla y el otro te daba esas cositas que cada uno podía fundir o no y que llamaron ‘monedas’.

Otro, muy astuto y amigo de un rey dijo…”Yo hablé con el rey y acordamos sacar una ley obligando a que sólo se podrán intercambiar las que llevaban la cara de él. Y al rey le encantó la idea, claro.

A cambio nos da la exclusividad de fundir las monedas y un porcentaje del total. Abrimos una oficina y se la guardamos a la gente que nunca van a venir todos juntos a pedirnos las monedas. Así, con parte de las que les guardamos compramos tierras, casas, barcos, etc.etc.”

Después el hijo se avispó y pensó…”en lugar de oro o plata” les agrego otra aleación barata y me quedo parte del oro y la plata y me hago de más monedas para mí. Total ni se van a dar cuenta”.

Al rey le encantó también.

El tío, que era un conocido con una imprenta, primo del rey, inventó entonces lo de imprimir papeles con figuras, símbolos raros y números con firma del rey y su cara.

Y eso también le encantó al rey y lo lanzaron como valor de pago, junto con las monedas.

Los otros reyes – parientes de aquel rey, muchos de ellos – imitaron el sistema.

Y así mientras el mundo siguió dando vueltas, unos pocos tipos se quedaron con el oro, la plata, compraron todo tipo de bienes por todo el mundo, incluidas almas para encargos oscuros y siniestros que mejor no pensar.

Pero la mayor cantidad de riquezas de todo tipo fue acumulada en sótanos y túneles bien secretos, en ese famoso lugar en Roma bajo ‘su bendición’.

Así, muchos reyes crearon grandes ejércitos y armadas que recorrieron los mares conquistando países y repitiendo lo de las monedas y papelitos de colores en cada lugar y abriendo oficinas con grandes cajas fuertes en todas partes.

Siempre se quedaban con el oro, la plata y riquezas de sus territorios conquistados y si había guerra, también era buen negocio para fabricar todo lo necesario, con préstamos, créditos, intereses, deudas, etc., todas esas palabras que se usan para esas cosas.

Total, pagaban parte con los papelitos y monedas que ellos mismos fabricaban.

Y pusieron sus representantes en esos países-colonia conquistados.

Pero como surgieron revoluciones para independizarse, inventaron un sistema para que la gente vote a sus autoridades de gobierno y todos felices creyeron que eran libres.

No fue gran problema porque a quienes la gente creía que elegían, eran también empleados de toda ésta sociedad de reyes, banqueros y familias reales y ricas gracias al sistema de fabricación de dinero, leyes y apropiación de riquezas, tierras, donde sea que pusiesen el pie y los cañones.

Todo marchó bajo sus ojos bien atentos y con control perfecto.

Y por supuesto ellos, junto con aquel rey y otros reyes y amigos que se habían enriquecido con todo el sistema, subían o bajaban a gusto y parecer el valor de los papelitos y las monedas en el mercado.

De esa manera, mucha gente no podía pagar sus deudas con estos señores y estos se quedaban con sus casas, campos, animales, carretas y demás que habían colocado como garantía de pago.

O sea, todo se quedaba entre amigos, socios y parientes.

A todo eso, se suman los impuestos a todo  para completar el saqueo a todas las personas del mundo que trabajan, compran y que no son ellos.

Y esto sigue hasta el día de hoy, claro que con el agregado de la tecnología, la ciencia, los medios masivos, etc. que ayudan a perfeccionar el sistema y que sea cada vez más fuerte porque todo eso es también de ellos o sus amigos.

Así el mundo entero, les pertenece. O eso creen.

Porque son obviamente, la peor raza de locos, mala gente, que pisa la Tierra y se piensan dioses inmortales.

Pero eso sí…”gracias a la democracia, todos somos libres de elegir a nuestro gobierno”.

Eso les enseñan a creer en todas las escuelas a los otros niños para que cuando sean adultos, no sepan la realidad y crean que el mundo es otra cosa”.

(Richard Macintosh)

Tomado de la página de Individuo libre en FB.