La FIL Guadalajara será testigo del regreso de la Biblioteca de Chapulín impulsando a ilustradores que cautivaron varias generaciones

Angelina Beloff, Jesús Escobedo y José Chávez Morado prevalecen en las ediciones de la Biblioteca de Chapulín

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En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL Guadalajara) 2022, las infancias tienen un lugar destacado, pues son las nuevas generaciones lectoras. Para ellas la UNAM trae este 2022 tres volúmenes de la Biblioteca de Chapulín, esta publicación es un trabajo conjunto entre la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial y el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, con la valiosa participación de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca (FAHHO).

La colección, conformada por 16 relatos, fue originalmente editada por la Secretaría de Educación Pública a lo largo de la década de los 40, con una reedición de Conaculta a inicios de los 90, así como posteriores publicaciones de títulos aislados en 1997 como parte de la colección Libros del Rincón. De tal manera, a casi tres décadas de no contar con estos valiosos materiales, la UNAM revive en el siglo XXI la emblemática colección biblioteca de Chapulín un una bella edición facsimilar autorizada por la Secretaría de Cultura.

En su origen, gracias a la visión del poeta y editor tlaxcalteca Miguel N. Lira, en esta propuesta editorial confluyeron obras creadas con plumas y pinceles de autores, adaptadores, traductores e ilustradores —hombres y mujeres— que alentaban la sensibilidad estética de pequeñas y pequeños, a través de contenidos literarios de carácter universal y libre. El compromiso con la población infante era firme y activo, más que ideológico, por lo que figuran escritores, escritoras y temáticas correspondientes a distintas épocas, orígenes y miradas. Quienes ilustraron los libros, pintores, escenógrafos, dibujantes, grabadores y muralistas (también hombres y mujeres), ofrecieron una alternativa íntima y digna a las siguientes generaciones con miras a difundir el arte en la esfera pública.

De acuerdo con Sarah Corona Berkin y Arnulfo de Santiago Gómez, después de la antología Lecturas clásicas para niños, dirigida por José Vasconcelos y publicada entre 1924 y 1925, el segundo proyecto editorial más importante que la SEP destinó a la niñez mexicana fue la colección Biblioteca de Chapulín.

Entre los artistas que se comprometieron con extender la belleza de su plástica al público infantil, se hallaron Angelina Beloff, quien realizó las adaptaciones del ruso al español de dos títulos, las ilustraciones de tres de las obras, además de colaborar en el planteamiento escenográfico del teatro de marionetas; José Chávez Morado, autor de las imágenes de tres obras, y Jesús Escobedo, invitado especial de Gabriel Fernández Ledesma. Otros nombres que forman parte de este valioso proyecto editorial son: Juan R. Campuzano, Manuel Ángel Bayardi, Alfredo Cardona Peña, Julio Prieto, Dagoberto Dinori, Salvador Bartolozzi, Magda Donato y Antoniorrobles.

Conoceremos los libros que leían nuestras abuelas y abuelos en su infancia. La UNAM vuelve a publicar la emblemática colección de literatura infantil de mediados del siglo XX para el disfrute de nuevos lectores.

La Biblioteca de Chapulín está integrada por cuentos breves en prosa o verso siempre acompañados por ilustraciones. En la Biblioteca Nacional de México se encuentra la primera impresión de 12 de los 16 títulos, que ahora podrán ser disfrutados de nueva cuenta. Por el momento, están a nuestro alcance La máscara que hablaba, autoría de Alfredo Cardona Peña e ilustraciones de Jesús Escobedo; El niño de mazapán y la mariposa de cristal, de Magda Donato, con ilustraciones de José Chávez Morado, y El caballito jorobado, de Piotr Pavlovich Yerchoff, que fue traducido al español por Germán Cueto y Angelina Beloff, quien también fungió como ilustradora.

En esta terna, tenemos la posibilidad de descubrir las historias del Rey Sol, cuya ambición lo meterá en serios problemas al querer poseer una máscara parlante e indiscreta; de la solitaria dueña de la dulcería El Bombón de Oro y su predicamento después de seguir una receta de mazapán que le recomendó una mariposa mágica, y de Vanka, quien, luego de encontrarse con una yegua dorada, recibe como regalo un caballo del que no puede deshacerse, así le ofrezcan todo el dinero del mundo.

Muralistas que pintaron para niñas y niños

Angelina Beloff fue una artista de origen ruso que desarrolló gran parte de su obra en México, incursionando en óleo, acuarela, grabado, fotografía, artes gráficas, títeres, entre otros materiales y formatos. Mantenía vínculos estrechos con artistas de la época, como David Alfaro Siqueiros, Adolfo Best Maugard, Ángel Zárraga, Roberto Montenegro y Diego Rivera, con quienes compartía proyectos sociales, políticos y culturales que más tarde sumarían a la causa de la Revolución. A mediados de la década de 1940, realizó Escenas de circo, mural localizado en el Hospital Infantil. También, a pedido personal de la familia González Gallo, pintó un mural en Guadalajara con imágenes inspiradas en los cuentos de Miguel N. Lira.

Las ilustraciones para El caballito jorobado no fueron las únicas que hizo Beloff para la colección Biblioteca de Chapulín, también ilustró El zar Saltán de Alexandr Pushkin, así como Canción para dormir a Pastillita de Miguel N. Lira. En el caso de los primeros dos libros, se nota una unidad cromática y estilística en las ilustraciones, que remiten visualmente a sus referentes inspirados en el folclor ruso.

José Chávez Morado, de Silao, Guanajuato, y exponente de corriente nacionalista de la tercera generación de la denominada Escuela Mexicana de Pintura, fue uno de los artistas plásticos más reconocidos de México en el siglo XX. Su obra abarca una cantidad interminable de libretas con bocetos, caricaturas y grabados varios. Es muy importante también su trayectoria en el muralismo; contamos, por ejemplo, los murales de la Alhóndiga de Granaditas (Guanajuato) y la antigua Torre de Ciencias de Ciudad Universitaria (Ciudad de México), así como los relieves y la obra mural Pluralismo político en la fachada del Palacio Legislativo de San Lázaro y la columna-paraguas del Museo Nacional de Antropología (México).

Chávez Morado también firmó sus obras como Juan Brochas o Con; a los 16 años partió rumbo a Estados Unidos y Canadá, viviendo otra suerte de exilio muy distinta a la experiencia de Magda Donato, fue pescador, jornalero y bracero, e incursionó en el mundo plástico al tomar clases de dibujo en la Chouinard School of Arts (Los Ángeles California), en la que trabajó como conserje, en ese tiempo comenzó a interesarse por las artes para nunca alejarse de ellas. Fue uno de los migrantes repatriados entre 1930 y 1933 del país vecino debido a la Gran Depresión; tras su regreso a México se dedicó a la caricatura, pintura y escultura. Sobresalió por su discurso nacionalista y sus claras opiniones políticas.

Jesús Escobedo nació en Dos Estrellas, Michoacán. A los diez años se inició como dibujante y grabador en la Escuela de Pintura al Aire Libre Santiago Rebull, que dirigía Gabriel Fernández Ledesma. Entre 1937 y 1943 trabajó como dibujante en el Departamento de Publicidad de la Secretaría de Educación Pública y fundó, junto con artistas del grabado, una organización independiente: El Taller de la Gráfica Popular. Fue acreedor de la Beca Guggenheim en 1945. En 1952 realizó el mural alusivo a los cien años del estado de Guerrero, mismo que se encuentra en el Museo Regional de Chilpancingo.

Como ella y ellos, varias y varios artistas colaboraron en las ediciones de la Biblioteca de Chapulín. En esta FIL Guadalajara 2022, seremos testigos de su rescate y podremos, de nuevo, apreciar sus magníficas ilustraciones, que enriquecerán el imaginario de nuestras jóvenes generaciones. Peggy Espinosa, Leonardo Lomelí y Socorro Venegas nos hablarán sobre el relanzamiento de esta colección y nos compartirán un acercamiento a las y los artistas involucrados en estos libros el domingo 27 de noviembre a las 19:30 horas en el Salón H del Área Internacional.